Una proliferación masiva de Karenia mikimotoi, una microalga altamente tóxica, ha provocado un colapso ecológico en el sur de Australia, afectando más de 4.500 km² de aguas costeras y causando la muerte de más de 15.000 animales marinos pertenecientes a 450 especies distintas.
El ecólogo Scott Bennett lo describe en un comunicado como la transformación de ecosistemas enteros en auténticos “desiertos submarinos”.
Señales tempranas: espuma amarilla y síntomas respiratorios
El fenómeno se detectó en marzo, cuando surfistas reportaron tos seca, dolor de garganta y visión borrosa. Poco después, apareció una espuma amarillenta en las olas y comenzaron a llegar animales muertos a las playas.
Investigadores identificaron a Karenia mikimotoi como la causante: una microalga que, en concentraciones elevadas, daña branquias, bloquea la luz solar y genera hipoxia, asfixiando la vida marina.
El Great Southern Reef, en estado crítico por la microalga tóxica
La situación es especialmente grave en el Great Southern Reef, hogar de una biodiversidad excepcional, con un 70 % de especies endémicas. “El 100 % de las navajas marinas estaban muertas y pudriéndose en el fondo”, relató Bennett tras recorrer la zona. La pérdida de estas especies implica una extinción irreversible.
El desastre no solo afecta al ambiente: también ha golpeado con fuerza a la industria pesquera, valorada en 480 millones de dólares australianos.
Pescadores afirman no haber capturado ni un solo calamar desde abril y advierten que un tercio de las aguas estatales están vacías de vida. La crisis se extiende a procesadores, distribuidores y restaurantes, dejando a cientos de trabajadores en incertidumbre.

Causas climáticas: nutrientes, surgencias y calor extremo
Los científicos señalan que esta proliferación fue impulsada por una serie de factores climáticos:
- Inundaciones en 2022, que arrastraron nutrientes al océano
- Surgencia de aguas frías, ricas en nutrientes
- Una ola de calor marina en septiembre de 2024, que elevó la temperatura del mar 2,5 °C por encima del promedio
Este cóctel de condiciones creó el ambiente perfecto para el desarrollo explosivo de la microalga.
Respuesta oficial: fondos limitados y falta de reconocimiento
El primer ministro de Australia Meridional, Peter Malinauskas, reconoció la gravedad del evento: “Es un desastre natural, pero diferente a todo lo que conocemos”. Aunque se han asignado 28 millones de dólares australianos para limpieza y asistencia, no se ha declarado formalmente como desastre natural, lo que impide liberar fondos adicionales.
Un síntoma del cambio climático en curso
Scott Bennett advierte que este evento no debe verse como aislado: “Es parte del impacto climático que atraviesa toda Australia”. Aunque los ecosistemas marinos tienen capacidad de recuperación, es fundamental proteger hábitats estratégicos como:
- Bosques de algas
- Praderas submarinas
- Arrecifes de ostras
Estos entornos ayudan a filtrar nutrientes, estabilizar el ecosistema y mitigar futuros colapsos.
Una alerta global desde el fondo del océano
La tragedia provocada por Karenia mikimotoi es una advertencia clara sobre la fragilidad de los océanos frente al cambio climático y la contaminación.
La recuperación requerirá acciones coordinadas, educación ambiental y políticas de conservación robustas para evitar que estos “desiertos submarinos” se conviertan en la nueva normalidad.



