La provincia de Santa Fe enfrenta una crisis estructural en la gestión de los residuos urbanos. Aunque la normativa vigente ordenaba eliminar los basurales a cielo abierto para 2012, más de 300 siguen activos.
El reciente incendio en Sauce Viejo reavivó un problema que combina fallas de gestión, desigualdad territorial y riesgos ambientales severos. Las autoridades reconocen avances en la conformación de consorcios regionales para una gestión sustentable.
Estos espacios permiten unir municipios para sostener rellenos sanitarios, reducir costos y garantizar controles. Sin embargo, todavía hay regiones sin consorcios operativos o sin terrenos disponibles para disposición final.
El porcentaje de población con acceso a un relleno sanitario pasó del 62% al 70% en los últimos años. Las proyecciones oficiales estiman alcanzar el 80% para 2027 con la incorporación de nuevas localidades. Aun así, un tercio del territorio sigue dependiendo de prácticas obsoletas, contaminantes y peligrosas.

Por qué persisten los basurales: límites, costos y desafíos culturales
La gestión de residuos depende de los gobiernos locales, lo que genera marcadas desigualdades. Muchos municipios carecen de recursos o de capacidad técnica para sostener un sistema integral. Además, persiste una cultura de disposición informal que favorece la proliferación de basurales.
El funcionamiento de consorcios exige estrategias comunes de separación, recolección y reducción de residuos. El desafío es que las localidades coordinen estos procesos para disminuir el volumen que llega a los rellenos. La mitad de los residuos es materia orgánica, lo que permitiría reducir de forma sustancial los traslados.
El gobierno provincial prioriza acompañar y ordenar antes que sancionar. Se impulsan convenios, asistencia técnica y entrega de equipamiento para municipios adheridos. También se promueven talleres educativos y el fortalecimiento de cooperativas que trabajan en plantas de clasificación.
Cómo contaminan los basurales a cielo abierto y sus impactos en la salud y el ambiente
Los basurales generan contaminación del suelo por lixiviados que se filtran sin barreras protectoras. Estos líquidos transportan metales pesados, sustancias tóxicas y patógenos hacia napas y cursos de agua.
La degradación descontrolada de la basura provoca pérdida de biodiversidad y daño irreversible en ecosistemas locales. La quema de residuos libera dioxinas, furanos y partículas finas altamente tóxicas.
Estas emisiones aumentan enfermedades respiratorias, irritaciones oculares y problemas cardiovasculares. En incendios extensos, el riesgo se multiplica para comunidades cercanas y trabajadores informales.
La acumulación de residuos atrae vectores como moscas, roedores y mosquitos. Estas especies actúan como transmisores de enfermedades y afectan directamente la salud pública. A nivel social, los basurales suelen ubicarse cerca de sectores vulnerables, profundizando la desigualdad ambiental.

Un problema ambiental con impacto social directo
El uso de sitios de transferencia improvisados expone a los municipios a incidentes como incendios o derrames. La falta de infraestructura adecuada aumenta los costos y dificulta cumplir con la legislación vigente.
En muchos casos, familias que dependen del reciclaje informal trabajan sin protección en entornos de alto riesgo. Para reducir la presión sobre los rellenos, se impulsa la separación en origen y el compostaje domiciliario.
Estas acciones disminuyen hasta la mitad del volumen total de residuos transportados. La participación ciudadana se vuelve esencial para avanzar hacia modelos más sostenibles. La erradicación de los basurales requiere planificación regional, educación ambiental y financiamiento constante.
Cada localidad debe integrarse a un consorcio para acceder a apoyo económico y técnico. El objetivo es asegurar una gestión moderna, inclusiva y ambientalmente responsable en toda la provincia.



