La pérdida de la biodiversidad ya está empezando a cobrar factura en la salud humana: las pandemias continuarán si no frenamos la intromisión humana en la vida salvaje.
Los cambios climáticos han cambiado los hábitats naturales de matorrales tropicales a sabanas tropicales y bosques caducifolios. Esto creó un entorno adecuado para muchas especies de murciélagos que viven predominantemente en los bosques.