La acidificación de los mares es una de las amenazas más importantes que enfrentan los ecosistemas marinos de todo el mundo, siendo cada vez más peligroso, según un estudio publicado en Global Change Biology.
Para llegar a este descubrimiento, miembros del Laboratorio Marino de Plymounth (PML) del Reino Unido y la agencia del clima de Estados Unidos (NOAA) realizaron diferentes mediciones físicas y químicas en las capas superiores del océano. Los investigadores combinaron estos resultados con modelos informáticos avanzados y estudios de la vida marina.
Este análisis llevó a la conclusión de que para 2020 el nivel global de la condición oceánica promedio ya estaba cerca de la “zona de peligro” de acidificación oceánica. De hecho, los resultados demostraron que en algunas regiones la superaba.
Además, la investigación reveló que a mayor profundidad, cerca de los 200 metros bajo la superficie, alrededor del 60% de estas aguas habían cruzado el límite de acidificación, en comparación con el 40% del agua superficial. Esto significa que la supervivencia de muchas criaturas marinas pueden resultar afectadas.

Los corales como las víctimas más afectadas por este fenómeno
Como consecuencia del daño de la acidificación oceánica, se perdieron alrededor del 435 de los hábitats adecuados de los arrecifes de coral tropicales y subtropicales. Las mariposas marinas, una red especie clave en la red trófica, también perdieron el 61% de su hábitat, mientras que las especies de moluscos costeros perdieron el 13% de sus hábitats costeros globales.
Pero estas no son las únicas especies afectadas, dado que los arrecifes de coral tropicales y los de aguas profundas funcionan como hábitats esenciales y refugios para numerosas especies del fondo marino, como los cangrejos, estrellas de mar y otros mariscos como ostras y mejillones.

La acidificación oceánica: un cambio silencioso
La acidificación oceánica es un proceso químico que ocurre cuando los océanos absorben parte del dióxido de carbono (CO₂) emitido a la atmósfera, principalmente por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles. Al disolverse en el agua, el CO₂ forma ácido carbónico, lo que reduce el pH del océano y lo vuelve más ácido.
Este fenómeno altera el equilibrio natural del agua marina y afecta especialmente a organismos que dependen del carbonato de calcio para formar sus conchas o esqueletos, como corales, moluscos y ciertos tipos de plancton. A medida que el agua se vuelve más ácida, les resulta más difícil desarrollarse y sobrevivir.
La acidificación también impacta a los ecosistemas marinos en su conjunto, desde la cadena alimentaria hasta la biodiversidad general. Se trata de una amenaza global creciente, muchas veces invisible, pero con consecuencias profundas para la vida marina y las comunidades humanas que dependen de ella.



