En los bosques cálidos y húmedos del Magdalena Medio colombiano, una de las regiones más biodiversas del país, los monos araña café sobreviven a pesar de estar en peligro crítico de extinción.
Su permanencia no es fruto del azar, sino del compromiso de científicos, comunidades locales y productores rurales que, desde hace dos décadas, trabajan por restaurar corredores ecológicos, proteger el hábitat y reconciliar la conservación con la producción ganadera.
Dos décadas de ciencia, conservación y vínculo comunitario
El proyecto comenzó como un estudio de ecología y comportamiento de los monos araña, liderado por los biólogos Gabriela de Luna y Andrés Link. Con el tiempo, la investigación dio paso a una estrategia de conservación participativa, que involucró a ganaderos, cultivadores y habitantes locales.
“Estudiar su comportamiento nos llevó a entender que la conservación solo es posible si se construye con quienes habitan el territorio”, explica Link en dialogo con el portal CNN.
Una especie extraordinaria que revela vínculos con los humanos
Los monos araña café son uno de los primates más grandes de Sudamérica, con hasta 10 kg de peso, una cola prensil poderosa y marcas corporales únicas que permiten identificarlos.
Pero lo que más fascina a los investigadores es su complejo comportamiento social: viven en grupos estables, se saludan, se abrazan y muestran dinámicas similares a las de los chimpancés, nuestros parientes más cercanos.

Restauración ecológica: corredores que conectan vida
La Fundación Proyecto Primates impulsa la creación de corredores biológicos que permiten a los monos, jaguares, tapires y aves moverse libremente entre fragmentos de bosque. El proceso incluye:
- Selección de semillas nativas
- Cultivo en viveros comunitarios
- Plantación en zonas estratégicas para conectar hábitats
Hasta ahora se han desarrollado entre 15 y 20 corredores, que abarcan unas 30 a 35 hectáreas cada uno, pero interconectan más de 1.000 hectáreas.
Ciencia empírica con raíces locales
El conocimiento generado en el territorio es clave. “Los viveros son gestionados por la gente local, que prueba, ajusta y mejora las estrategias de restauración”, explica Link.
Además, se han instalado cámaras trampa en árboles y suelo para monitorear la fauna y evaluar el impacto de los corredores. Estas herramientas también han fortalecido el vínculo con los propietarios de predios, al mostrarles la riqueza natural que albergan sus tierras.
Ganadería sostenible: una alianza posible
En ausencia de grandes parques nacionales, la conservación depende de los dueños de la tierra. Uno de ellos, Juan Andrés Jaramillo, lleva más de una década colaborando con los biólogos en la siembra de árboles, instalación de cámaras y desarrollo de una ganadería más eficiente y resiliente.
“Tenemos que devolver parte de lo que hemos dañado. No hay excusa para no restaurar”, afirma al citado portal con convicción.
Educación ambiental y orgullo local
Desde 2011, se realizan festivales comunitarios para celebrar la biodiversidad, con disfraces, juegos y actividades educativas. Este enfoque ha generado orgullo local y conciencia sobre el valor de las especies nativas.
“Muchos conocen al tigre de Siberia, pero no al jaguar o al mono araña que vive cerca de su casa. Queremos cambiar eso”, dice De Luna, quien fue reconocida por National Geographic con el Wayfinder Award, y por la Whitley Fund for Nature por su liderazgo en conservación.
Aunque los monos araña café siguen amenazados, los avances son tangibles. “Esto no es solo trabajo, es un proyecto de vida”, afirma De Luna. “Cada día decidimos qué mundo queremos dejar. Yo quiero uno mejor para mis hijas, para la gente, para los hijos de mis hijas”.
Foto de portada: Salvando Primates



