El uso de bacterias como una herramienta eficaz para la lucha contra el plástico por un futuro más limpio

La dependencia global del plástico se convirtió en un problema ambiental de gran magnitud. Su degradación no elimina el material, sino que lo transforma en microplásticos que acaban en mares, ríos, alimentos e incluso en el cuerpo humano. Ante esta situación, la ciencia busca alternativas sostenibles que igualen sus propiedades sin generar residuos tóxicos, como el uso de bacterias.

El reciclaje, aunque útil, no logró frenar la contaminación. Las regulaciones para limitar su uso crecieron, pero la presencia de microplásticos y químicos peligrosos como ftalatos y bisfenol A sigue siendo alarmante. Por eso, el reto es encontrar un material fuerte, duradero, seguro y escalable.

Un grupo de investigadores de las universidades Rice y Houston centró su trabajo en la celulosa bacteriana, una sustancia producida naturalmente por algunas bacterias. Aunque ya era conocida, su uso a gran escala era limitado por la desorganización de sus fibras, lo que afectaba su rendimiento y resistencia.

La innovación está en el proceso de producción. Los científicos desarrollaron un “biorreactor rotacional” que hace girar a las bacterias en un líquido, obligando a las fibras a alinearse en una dirección específica. Este orden estructural mejora notablemente las propiedades mecánicas, al igual que ocurre con materiales como el acero o la fibra de carbono.

Un grupo de científicos apuesta al uso de bacterias para frenar la contaminación provocada por el plástico. Foto: Xataka.
Un grupo de científicos apuesta al uso de bacterias para frenar la contaminación provocada por el plástico. Foto: Xataka.

Un material fuerte, versátil y biodegradable

El nuevo bioplástico resultante es biodegradable, resistente y flexible. Presenta una resistencia a la tracción de hasta 436 MPa, comparable al vidrio o al aluminio, pero con transparencia y ligereza. Además, su estructura admite aditivos que permiten personalizar sus propiedades para distintos usos.

Al incorporar nanoláminas de nitruro de boro, la resistencia aumenta hasta 553 MPa y la capacidad de disipar calor se triplica. Esto abre la puerta a aplicaciones en envases, textiles técnicos, pantallas flexibles, sensores o componentes de construcción livianos.

Aunque aún se encuentra en fase experimental, el potencial de este material para sustituir plásticos convencionales es notable. Su producción escalable y su impacto ambiental reducido lo convierten en una opción viable para múltiples industrias.

contaminación por plásticos
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Otras maneras de reemplazar al plástico

La lucha contra la contaminación plástica no se limita a este bioplástico. Materiales como el PLA (ácido poliláctico) derivado del maíz, bioplásticos a base de algas, y envases comestibles elaborados con almidón o proteínas están ganando terreno. Todos buscan minimizar residuos y reducir la dependencia de combustibles fósiles.

El vidrio reciclado es otra alternativa eficaz para envases y botellas, ya que se reutiliza infinitas veces sin perder calidad. Del mismo modo, los metales como el aluminio, reciclables casi al 100%, permiten reemplazar embalajes y piezas plásticas en múltiples productos.

También crece la tendencia hacia el diseño de productos reutilizables y el fomento de sistemas de retorno de envases. Este cambio de hábitos, junto con la innovación tecnológica, es clave para reducir la huella ambiental y avanzar hacia una economía circular.

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