Un reciente estudio publicado en npj Climate and Atmospheric Science analizó los efectos físicos directos de la reforestación, más allá del conocido secuestro de carbono.
Los resultados muestran que plantar árboles no siempre reduce la temperatura local, y que el impacto depende fuertemente de la ubicación geográfica y las condiciones climáticas.
Evapotranspiración: el mecanismo natural que enfría los trópicos
En zonas como la Amazonía, el Congo o el sudeste asiático, donde los árboles crecen durante todo el año y el agua abunda, el proceso de evapotranspiración —una especie de “sudor vegetal”— permite que los árboles liberen vapor de agua, lo que enfría el aire circundante. Este fenómeno funciona de forma similar al sudor humano, disipando calor y regulando la temperatura.
Además, el vapor generado favorece la formación de nubes, que bloquean parte de la radiación solar directa, amplificando el efecto refrescante. En regiones tropicales, este mecanismo puede generar descensos de temperatura de hasta 0,45 °C, como se ha observado en el centro de África.
Reforestación estratégica: beneficios climáticos modestos pero significativos
Aunque el efecto global directo de la evapotranspiración es limitado (alrededor de 0,005 °C), su combinación con el almacenamiento de carbono puede contribuir a reducir la temperatura media global entre 0,1 °C y 0,2 °C.
Estas cifras, aunque pequeñas, son relevantes en el contexto de la mitigación climática, especialmente si se integran con otras estrategias como la reducción de emisiones y la protección de ecosistemas clave.

Árboles como cortafuegos: un aliado contra los incendios tropicales
La densificación arbórea puede reducir la propagación del fuego en sabanas y pastizales secos.
En ecosistemas como las sabanas tropicales, los árboles no solo enfrían el ambiente, sino que también actúan como barreras naturales contra incendios.
Al reducir la presencia de pastizales secos, limitan la propagación del fuego, una amenaza frecuente en países como Brasil, Zambia o Indonesia, donde las quemas agrícolas son prácticas habituales.
Riesgos en latitudes altas: cuando plantar árboles puede calentar más
En regiones del hemisferio norte, como el noreste de Estados Unidos o el sur de Canadá, la reforestación puede tener efectos adversos.
La absorción de radiación solar por parte de los árboles y la acumulación de biomasa seca pueden elevar la temperatura local y favorecer incendios forestales, especialmente si no se considera la dinámica del ecosistema.
Reforestar con criterio: evitar impactos negativos y maximizar beneficios
El estudio propone una estrategia selectiva basada en modelos climáticos y uso del suelo.
Lejos de promover una plantación masiva indiscriminada, los investigadores sugieren una reforestación estratégica, enfocada en zonas recientemente deforestadas y evitando áreas agrícolas o habitadas.
Utilizando datos de 12 modelos climáticos internacionales, se identificaron regiones donde la reforestación puede optimizar los beneficios climáticos sin comprometer la seguridad alimentaria ni el acceso a la tierra.



