El impacto ambiental de la totora como aliada ecológica: un oficio ancestral que salva un humedal urbano en Chile

En el corazón industrial de Santiago de Chile, en la comuna de Quilicura, un grupo de artesanos mantiene vivo el oficio de trabajar la totora (Schoenoplectus californicus). Lo que antes era una práctica cultural y económica, hoy se ha convertido en una estrategia clave para la salud ambiental del canal San Ignacio, declarado humedal urbano por el Ministerio del Medio Ambiente.

La totora, además de ser utilizada para elaborar cestos, sombreros, abanicos, techos y sillas, cumple un rol ecológico fundamental: filtra contaminantes del agua y evita que lleguen degradados al océano Pacífico.

Contexto de contaminación y recuperación de un humedal urbano

Durante décadas, el canal San Ignacio recibió residuos sólidos, derrames y metales pesados, convirtiéndose en un vertedero ilegal de más de 10.000 m². Sin embargo, seguía funcionando como corredor biológico para especies como huairavos, garzas, coipos y siete colores.

La Mesa de Vertederos Ilegales identificó 87 focos en la Región Metropolitana, 55 aún activos, concentrados en comunas periféricas como Quilicura. La presión de la urbanización sin planificación y la acción de mafias de la basura agravaron la situación.

En 2024, el proyecto Quilicura Limpia y Segura retiró 180 toneladas de basura con participación comunitaria. En 2025, se lanzó Canales Sanos y Sin Vertederos, un plan piloto de restauración y monitoreo socioambiental, en el marco del programa Urban Ocean, que busca reducir la contaminación plástica y conectar el cuidado local con la salud costera.

humedal urbano
El humedal urbano de Santiago transforma la contaminación en vida.

La totora como fitorremediación

Un estudio de la organización Ciudad Emergente midió la calidad del agua en distintos puntos del canal y comprobó que la totora reduce significativamente:

  • Sólidos en suspensión.
  • Turbiedad.
  • Metales como zinc, aluminio y manganeso.

Las raíces de la planta absorben y degradan contaminantes, actuando como un sistema natural de fitorremediación.

Manejo ecológico y comunitario

El plan de manejo respeta los ciclos de la totora y de la fauna:

  • Entre septiembre y diciembre, durante la nidificación de aves, las intervenciones se minimizan.
  • Se delimitan zonas de resguardo para proteger especies como patos y pidenes.
  • Se instalaron pasarelas y paneles informativos que explican la función depuradora de la planta y el calendario de poda.

La comunidad participa activamente: estudiantes recorren las pasarelas, conocen el oficio de los totoreros y vinculan por primera vez la palabra humedal con su barrio.

Orgullo y resiliencia urbana

Las encuestas revelan orgullo por el oficio, aunque también preocupación por su invisibilización. Los artesanos de Quilicura ya no solo preservan una técnica ancestral: protegen un ecosistema urbano que conecta la ciudad con el océano.

La experiencia de Quilicura demuestra cómo un oficio tradicional puede transformarse en una estrategia de resiliencia urbana. La totora, más allá de su valor cultural y económico, se convierte en una herramienta ecológica que depura el agua, restaura un humedal y fortalece la identidad comunitaria.

Foto de portada: El País

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