Un reciente descubrimiento tiene a la comunidad científica intrigada: un vasto mar de agua dulce se encuentra atrapado bajo la Antártida, específicamente en la isla Decepción, conectando varios lagos subterráneos con el océano.
Este hallazgo, liderado por el investigador Jorge Jódar, con el apoyo del IGME-CSIC, podría abrir la puerta a nuevas reservas de agua en un futuro no tan lejano.
La isla Decepción, con su imponente paisaje volcánico y glaciar, alberga lagos aparentemente aislados en cráteres. Sin embargo, la investigación ha demostrado que estos cuerpos de agua sienten las mareas del océano cercano, lo que desafía la percepción tradicional de estos sistemas lacustres.
El estudio revela que el terreno volcánico permeable permite que el agua de lluvia y del deshielo se filtre rápidamente, lo que es crucial en un entorno donde el 41% de la precipitación anual contribuye a recargar el acuífero. Esta tasa de infiltración es notablemente alta para un ecosistema polar.
En términos de hidrogeología, los investigadores han identificado dos acuíferos interconectados en la isla. El primero, más superficial, se relaciona con la capa activa del permafrost, mientras que el segundo, más profundo, está directamente conectado con el océano. Esta conexión subterránea explica las fluctuaciones en el nivel de los lagos pese a su aparente aislamiento.
Uno podría preguntarse por qué el agua salada no invade estos lagos. La respuesta reside en el flujo de agua dulce desde el interior de la isla, que actúa como barrera natural, previniendo la entrada de agua marina y manteniendo dulce el contenido de los lagos.
Un mar de agua dulce
Este fenómeno subraya que la Antártida no es simplemente un paisaje de hielo estático. La interacción entre precipitación, deshielo y acuíferos es dinámica y crucial para entender el impacto del cambio climático. Las variaciones en la precipitación y el deshielo anual afectan directamente este equilibrio delicado.
Además del análisis de los niveles de agua, los científicos han desarrollado una herramienta que relaciona la composición isotópica de la precipitación con la altitud, ofreciendo pistas sobre el origen del agua que recarga los acuíferos. Este avance es vital para mejorar la precisión de los modelos climáticos en regiones polares.
La investigación, realizada durante las campañas de 2024 y 2025, es un testimonio de la dedicación del equipo en condiciones extremas. Sus hallazgos, publicados en el boletín del IGME-CSIC, proporcionan una nueva comprensión de estos ecosistemas únicos y su respuesta al calentamiento global.



