La bahía de San Francisco, conocida por el Golden Gate y su intensa actividad portuaria, se ha convertido en un inesperado punto de encuentro para las ballenas grises del Pacífico Norte Oriental. Desde 2018, estas ballenas comenzaron a detenerse en la bahía durante su migración anual hacia Baja California y el Ártico, un comportamiento que antes no se registraba.
En 2025 se contabilizó un récord de 21 ballenas muertas en la bahía, y en lo que va de 2026 ya se han registrado siete. La situación preocupa a científicos y residentes, que observan a los animales más delgados de lo normal y con signos de desnutrición.
Migración y falta de alimento
Las ballenas grises realizan la migración más larga de cualquier mamífero, recorriendo entre 15.000 y 20.000 km cada año. Sin embargo, la disminución de presas en el Ártico parece estar empujándolas hacia la bahía en busca de alimento. Muchas llegan sin las reservas de energía necesarias para completar el viaje.
Según la investigadora Josephine Slaathaug, autora de un estudio publicado en Frontiers in Marine Science, “es posible que el hambre las empuje hacia la bahía”. El problema es que este nuevo hábitat también las expone a riesgos adicionales.

Mortalidad y choques con embarcaciones
El estudio de Slaathaug reveló que casi una quinta parte de las ballenas que ingresan a la bahía mueren allí, principalmente por colisiones con barcos. La congestión de la bahía, con grandes buques portacontenedores, transbordadores y embarcaciones deportivas, aumenta la probabilidad de accidentes.
La Guardia Costera de EE.UU. trabaja junto a investigadores y compañías de transporte para reducir la velocidad de las embarcaciones, capacitar a capitanes y establecer sistemas de vigilancia, incluyendo cámaras de infrarrojos para detectar ballenas en zonas de alto tráfico.
Señales preocupantes
Los avistamientos y varamientos comenzaron antes de lo habitual en 2026, con dos casos en enero, cuando el pico suele darse en abril. Además, los científicos han registrado un número muy bajo de crías, lo que indica una baja tasa de natalidad y una población que no se recupera como en épocas anteriores.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) informó que la población de ballenas grises descendió de 27.000 en 2016 a 12.500 en 2025, calificando la situación como un “evento de mortalidad inusual”.
Un rayo de esperanza
A pesar de la crisis, investigadores como Michelle Barbieri Lino recuerdan que las ballenas grises ya protagonizaron una recuperación notable cuando se prohibió la caza comercial en los años 70. Si se implementan medidas de protección en la bahía de San Francisco, este espacio podría convertirse en una nueva parada de alimentación segura, ayudando a las ballenas a completar su migración y prosperar nuevamente.
La mortalidad de ballenas grises en la bahía de San Francisco refleja la interacción entre cambio climático, presión humana y pérdida de alimento. La situación es crítica, pero también ofrece una oportunidad única: proteger este nuevo hábitat podría ser clave para la supervivencia de una especie que simboliza tanto la fragilidad como la resiliencia de los océanos.



