La anguila europea (Anguilla anguilla) atraviesa una crisis sin precedentes. Desde 1980 su población ha caído más de un 90% en todos los indicadores, y la tendencia continúa siendo negativa. A pesar de ello, sigue siendo objeto de pesca comercial y consumo habitual en España y otros países europeos.
El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) lleva 25 años recomendando que se reduzcan las capturas a valores cercanos a cero, y desde 2021 pide de forma inequívoca el cierre de las pesquerías. En 2008, la UICN catalogó a la especie como “En Peligro Crítico de Extinción”.
El rechazo en España
El 17 de febrero, el Comité de Flora y Fauna Silvestres de la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad decidió no incluir a la anguila en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, pese a los dictámenes científicos del MITECO (2020 y 2024) que recomendaban su protección.
La ministra Sara Aegesen había anunciado la propuesta de protección siguiendo el consejo del Comité Científico, pero las comunidades autónomas se opusieron, alegando falta de información y la importancia socioeconómica de la pesca.
Argumentos políticos vs. evidencia científica
Autoridades de Galicia, Asturias y Cataluña defendieron la pesca como sostenible y de bajo impacto. Sin embargo, los datos muestran otra realidad:
- En Galicia, casi 100 embarcaciones generaron menos de 600.000 euros en total (menos de 6.000 por embarcación).
- En Euskadi, 150 licencias de pesca de angula produjeron apenas 100.000 euros (menos de 1.000 por licencia).
- En el Delta del Ebro, los seguimientos científicos de la propia Generalitat confirman el declive poblacional.
Estos ingresos son marginales y no justifican la explotación de una especie al borde de la desaparición.

El trasfondo: descrédito del conocimiento científico
La negativa a proteger a la anguila refleja una tendencia más amplia: el descrédito del conocimiento científico, promovido por intereses económicos y corrientes populistas. En Europa, esto se traduce en la relajación de regulaciones ambientales que afectan a actividades contaminantes.
El caso de la anguila es paradigmático: se ignoran décadas de evidencia científica sólida para favorecer intereses cortoplacistas, poniendo en riesgo el bien común y la biodiversidad.
Consecuencias y retos futuros
La falta de protección de la anguila plantea preguntas incómodas:
- Si no podemos asumir un cambio tan sencillo como dejar de pescar una especie en peligro crítico, ¿cómo enfrentaremos desafíos mayores como la aridificación del territorio, la pérdida de costa o las olas de calor invivibles?
- Los sacrificios personales serían mínimos: dejar de consumir anguila y ofrecer alternativas económicas a las pocas familias que dependen de ella.
- La sociedad tiene capacidad para compensar a los afectados, pero falta voluntad política para priorizar la conservación.
La anguila europea se ha convertido en un símbolo de la tensión entre ciencia y política. Su protección está respaldada por datos abrumadores, pero rechazada por intereses inmediatos. Este caso muestra cuánto cuesta avanzar hacia una verdadera transición ecológica y cuánto pesa aún el cortoplacismo frente a la urgencia de las crisis ambientales globales.



