La central nuclear de Río Negro podría afectar a ballenas, delfines y pingüinos

En la Patagonia se despertó un fuerte movimiento opositor que, entre otras cosas, advirtió que podría poner en peligro las áreas protegidas y la vida marina del Golfo de San Matías, y espantar el turismo en Las Grutas, San Antonio Oeste y la Península de Valdés.

 
Hay algo que muchos sienten en la Patagonia. Poco a poco se está empezando a resucitar un espíritu antinuclear que tiene un antecedente histórico: ayer se cumplieron 21 años de la ‘marcha de Gastre’, de la que participaron miles y miles de personas, que cubrieron medios de todo el país y que fue la estocada final al proyecto que había nacido en los 80 para instalar en Chubut un basurero nuclear único en su especie.
 
El epicentro de la resistencia hoy se mudó a Viedma. En la Catedral de la capital rionegrina ya se realizaron dos asambleas informativas y abiertas, convocadas por el párroco Luis García.
 
La idea de que la energía nuclear es barata y limpia está siendo cada vez más cuestionada.
 
Además, el debate tiene otra arista menos explorada hasta el momento, que tiene que ver con el posible impacto ambiental que podría tener la central nuclear en la costa y las cálidas aguas del Golfo de San Matías, famoso por la riqueza marina y fundamental para la economía regional por el flujo turístico.
 
Mucho se especuló con la posible ubicación de la central. Y para sorpresa de muchos, las autoridades todavía no lo han aclarado. La última información que trascendió en los medios locales es que no estaría en Sierra Grande, como se dijo al principio, sino en un sector de la costa, cerca de Viedma, en algún punto entre los balnearios de Pozo Salado y La Lobería.
 
Si se confirma la ubicación, la central nuclear estará al sur de la desembocadura del Río Negro, una zona muy valorada por su biodiversidad, y del balneario El Condor, donde está la colonia de loros barranqueros más grande del mundo. En ese sector del Golfo de San Matías, a su vez, hay cinco Áreas Naturales Protegidas: ‘Caleta de Los Loros’, ‘Bahía de San Antonio’, ‘Punta Bermeja – La Lobería’, ‘Complejo Islote Lobos’ y ‘Puerto Lobos’.
 
La Península de Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad, está a poco más de 100 kilómetros del lugar en el que se asentaría la central. Por eso en Puerto Pirámides, principal punto de partida para ‘visitar’ a las ballenas, empezaron a sonar las voces disidentes. El propio intendente Javier Roldán adelantó que el proyecto no es compatible con una zona que incluye reservas de pingüinos y elefantes y lobos marinos. También temen por un potencial efecto sobre el agua, que consumen luego de desalinizar.

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