Durante los primeros días de junio de 2026, la Península Antártica registró temperaturas de hasta 15,4 °C, un valor extraordinario para pleno invierno austral.
En una región donde lo habitual es que los termómetros se mantengan bajo cero, este episodio plantea interrogantes sobre los mecanismos atmosféricos que pueden generar olas de calor en uno de los lugares más fríos del planeta.
Anomalías registradas
- Gran parte de la península mostró temperaturas muy superiores a las normales, con anomalías de más de 10 °C respecto del promedio climatológico.
- La serie histórica confirma que, aunque existe variabilidad interanual, el valor de 2026 se destaca claramente por encima de lo habitual.
- El fenómeno no afectó a toda la Antártida, sino principalmente a la península, más expuesta a la influencia de masas de aire de latitudes medias.
Factores atmosféricos
El evento estuvo asociado a una configuración particular de circulación atmosférica:
- Transporte de aire cálido desde latitudes medias hacia la península.
- Posible efecto föhn: el aire húmedo asciende por la ladera occidental, pierde humedad y, al descender por la oriental, se comprime y calienta rápidamente.
- Este mecanismo ya ha sido descrito en otros episodios cálidos intensos de la región.

El rol del hielo marino
Otra hipótesis apunta al déficit de hielo en el mar de Bellingshausen:
- En junio de 2026 faltaban cerca de 650.000 km² de hielo invernal.
- La menor cobertura habría reducido el enfriamiento de las masas de aire que avanzaban desde el norte, permitiendo que conservaran temperaturas más altas al llegar a la península.
- Aunque aún en estudio, este factor podría ser clave para explicar la intensidad del evento.
Implicancias del fenómeno
Este episodio no significa que la Antártida esté perdiendo su carácter frío, pero sí evidencia la vulnerabilidad climática de la región. Las olas de calor en pleno invierno:
- Alteran el equilibrio de los ecosistemas locales.
- Inciden en la dinámica del hielo marino y glaciares.
- Funcionan como señales de alerta sobre los efectos del cambio climático en zonas polares.
La ola de calor de junio de 2026 en la Península Antártica es un recordatorio de que incluso los lugares más fríos del planeta pueden experimentar episodios extremos.
La combinación de circulación atmosférica, efecto föhn y déficit de hielo marino ofrece pistas sobre cómo se produjo este evento, que se suma a la evidencia de un clima cada vez más inestable y con impactos globales.



