La vaquita marina (Phocoena sinus), endémica del norte del Golfo de California, es hoy el mamífero marino más amenazado del planeta.
En 1997 se estimaban al menos 567 ejemplares. En 2024, los cálculos más conservadores indican que quedan entre seis y ocho.
Para el biólogo Gustavo Cárdenas, de la CONANP, esta caída no solo representa una crisis ecológica, sino una lucha desigual entre conservación y crimen organizado.
Redes letales y comercio ilegal: la amenaza de la totoaba
La pesca furtiva de un pez en peligro crítico ha sido devastadora para la vaquita.
La vaquita marina muere ahogada en redes de enmalle, utilizadas para capturar ilegalmente a la totoaba (Totoaba macdonaldi), cuya vejiga natatoria se vende en China como artículo de lujo, alcanzando precios de hasta US$80.000 por kilo.
Estas redes, de hasta mil metros de largo, forman cortinas invisibles en aguas turbias, imposibles de detectar para la vaquita, que necesita salir a respirar como todo mamífero.

Monitoreo acústico: tecnología para rastrear lo invisible
Detectores autónomos y colaboración comunitaria permiten seguir los últimos sonidos de la especie.
Dado su comportamiento evasivo y su tamaño reducido (1,5 metros), la vaquita es difícil de avistar. Por eso, los científicos recurren al monitoreo acústico pasivo, que registra los “chasquidos” únicos que emite la especie.
Equipos como los C-POD y F-POD, colocados por pescadores locales de San Felipe, graban sonidos las 24 horas durante semanas, permitiendo estimar la distribución y presencia de los últimos individuos.
Ciencia, cooperación y resistencia
Organizaciones como Sea Shepherd y comunidades locales se suman a la defensa de la vaquita.
Los cruceros de observación, apoyados por Sea Shepherd, complementan el monitoreo acústico con fotografías del dorso de los animales, que permiten identificar individuos por sus marcas únicas.
Esta colaboración entre ONGs, científicos y pescadores ha sido clave para mantener viva la esperanza de conservación.
Crimen ambiental y redes internacionales
La pesca ilegal está entrelazada con el narcotráfico y el lavado de dinero transnacional.
Según la experta Vanda Felbab-Brown, del Instituto Brookings, el tráfico de totoaba está vinculado a cárteles mexicanos como el de Sinaloa y a redes criminales chinas. Los pescadores locales, muchas veces coaccionados, reciben pagos en drogas como metanfetamina, lo que genera consumo local y nuevos mercados.
Además, los cárteles intercambian productos marinos por precursores químicos para fabricar fentanilo, creando un ecosistema de corrupción y lavado de dinero.
Salvar a la vaquita marina: un reto ambiental y geopolítico
La conservación exige medidas firmes en México, campañas en China y cooperación internacional.
Proteger a la vaquita requiere acciones integrales: desde alternativas económicas para pescadores y operativos contra el crimen organizado, hasta campañas públicas en China para reducir la demanda de totoaba. Aunque se han intentado acuerdos trilaterales entre México, EE. UU. y China, el comercio ilegal persiste.
“La vaquita podría ser el primer mamífero marino en extinguirse desde los años 70. Salvarla es una cuestión de justicia ambiental global”, concluye Felbab-Brown.



