Cada año, más de 1.600 animales atropellados quedan sobre el asfalto de un único trecho de carretera en Curitiba, al sur de Brasil.
Un estudio de la UFPR lo confirmó: apenas 5,1 km de ruta junto al Parque Tingui bastan para convertirse en una trampa mortal para la fauna silvestre.
El proyecto de extensión Olha o Bicho, de la Universidad Federal de Paraná, monitoreó ese trecho durante dos años y recolectó 235 carcasas de especies silvestres, desde sapos hasta armadillos.
Los datos mostraron que los animales atropellados no caen al azar: las colisiones se concentran en puntos concretos, identificables y, sobre todo, prevenibles.

Dónde hay más animales atropellados
El análisis con el software Siriema permitió mapear los puntos críticos. Las colisiones se acumularon principalmente en:
- Zonas próximas a cuerpos de agua, donde los anfibios se desplazan para reproducirse
- Tramos cercanos a complejos residenciales, con tráfico local más intenso
- Segmentos con pendiente pronunciada, que dificultan el frenado y reducen la visibilidad
El tiempo promedio de permanencia de una carcasa en la vía fue de 9,05 días, dato clave para estimar cuántos animales atropellados pasan desapercibidos antes de ser contabilizados.
Los anfibios, las principales víctimas
De las 235 carcasas recolectadas, los anfibios encabezaron la lista con el 38% del total, seguidos por mamíferos (29%), aves (22%) y reptiles (11%).
Los sapos del género Rhinella, los llamados sapos-cururu, son los animales atropellados con mayor frecuencia.
Su pequeño tamaño los hace casi invisibles para los conductores, y sus desplazamientos estacionales para reproducirse los exponen de forma inevitable a la vía.
Entre las especies registradas también aparecieron la comadreja-oreja-negra, el armadillo, la lechuza de hoyo, el tejú y la yararaca.

Fernando de Camargo Passos, docente coordinador del proyecto, fue directo: el atropellamiento «puede ser una de las principales causas de mortalidad de fauna silvestre en áreas urbanas con presencia de fragmentos verdes».
En Curitiba, donde las vías de alto tráfico conviven a metros de parques y reservas, el problema no se detiene en el trecho estudiado.
Por eso, el Olha o Bicho también trabaja con la comunidad: organiza talleres, distribuye materiales y mantiene canales abiertos para que cualquier persona pueda reportar carcasas o zonas de riesgo vía WhatsApp e Instagram.
Hoy el proyecto monitorea un nuevo trecho de 5,9 km en el acceso al Zoológico Municipal de Curitiba. Quienes detecten animales atropellados o puntos peligrosos pueden escribir al WhatsApp (41) 98883-1876 o seguir la iniciativa en Instagram como @olhaobicho.ufpr.



