Zimbabue pone a sus elefantes bajo control: entre la amenaza y la esperanza

En las aldeas cercanas al Parque Nacional Hwange, en Zimbabue, la convivencia con elefantes es parte de la rutina diaria, por eso decidieron ponerlos bajo control. Cada vez más, estos animales invaden las zonas rurales en busca de agua y alimento, destruyendo cultivos y estructuras. La sequía y el cambio climático agravan esta situación.

Para evitar tragedias, se implementó un sistema de collares GPS que permite rastrear a los elefantes en tiempo real. Cuando las manadas se acercan a zonas habitadas, se activa una red de alerta para prevenir a los aldeanos. El aviso llega por WhatsApp o en persona, gracias a voluntarios como Capon Sibanda.

El aumento de incidentes obligó a las autoridades a tomar medidas drásticas. Entre enero y abril, 18 personas murieron por ataques de animales salvajes, y se sacrificaron más de 150 ejemplares «problemáticos», incluidos elefantes. El país posee una población estimada de 100.000 elefantes, el doble de su capacidad ecológica.

Las comunidades rurales sienten la presión de este desequilibrio. Los cultivos arrasados y el riesgo constante alimentan un debate creciente sobre aumentar las cuotas de caza o implementar métodos más eficaces para proteger a los habitantes sin dañar a los animales.

vida de los elefantes
Zimbabue pone a los elefantes bajo control.

Tecnología al servicio de la conservación de los elefantes

La plataforma EarthRanger permite a las autoridades seguir el movimiento de los elefantes, registrar daños y responder más rápido ante emergencias. También rastrea a los guardias comunitarios que actúan como intermediarios entre las manadas y las personas.

Gracias a estos datos, se distribuyen recursos donde son más necesarios, y se planifican intervenciones más precisas. Aunque el sistema aún cubre solo a una pequeña parte de la población de elefantes, ofrece un modelo prometedor para reducir los conflictos.

Sin embargo, la sobrepoblación sigue siendo un desafío. El parque Hwange tiene capacidad para unos 15.000 elefantes, pero alberga a más de 45.000. La presión sobre el ecosistema es intensa, y las comunidades piden soluciones concretas que incluyan beneficios directos.

La colocación de collares GPS, aunque compleja, permite monitorear a las manadas lideradas por matriarcas. Este seguimiento científico podría ser clave para lograr un equilibrio más justo entre la conservación y el bienestar de quienes comparten su vida con estos gigantes.

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