Casi cuatro décadas después del accidente de Chernobyl en abril de 1986, la zona de exclusión de más de 4.500 km² entre Ucrania y Bielorrusia sigue siendo objeto de estudio. Lejos de convertirse en un páramo desolado, los ecosistemas muestran señales de recuperación y adaptación, según un informe de Science Focus.
La ausencia prolongada de humanos permitió que la fauna regresara, aunque la radiación continúa ejerciendo efectos sutiles y desiguales.
Grandes mamíferos en expansión
Contrario a lo esperado tras un desastre ambiental, los grandes mamíferos prosperan en la región:
- Lobos, osos pardos, bisontes europeos, ciervos, jabalíes, alces y linces ocupan espacios antes fragmentados por la actividad humana.
- Los caballos de Przewalski, introducidos en los años 90, se desplazan libremente por campos y ríos.
- Los castores reconstruyen presas y recolonizan canales y estanques de refrigeración.
La ausencia de presión humana parece haber favorecido la recolonización de especies que requieren grandes territorios.
Adaptaciones en anfibios
Las ranas arborícolas orientales muestran un cambio notable: las poblaciones dentro de la zona de exclusión son hasta un 40% más oscuras que las de otras regiones.
Este rasgo, vinculado a la melanina, protege los tejidos de la radiación al neutralizar parte del daño celular. La selección natural favoreció a los individuos más oscuros, que sobreviven y se reproducen con mayor éxito.
Hongos resistentes a la radiación
En edificios en ruinas y áreas cercanas a la planta prosperan hongos ricos en melanina, capaces de crecer incluso más rápido en presencia de radiación elevada.
Experimentos sugieren que la melanina podría modificar su metabolismo, permitiéndoles tolerar o aprovechar la radiación como recurso, ocupando nichos ecológicos extremos que surgieron tras el desastre.

Perros de Chernobyl
Cientos de perros descendientes de mascotas abandonadas viven en la zona. Un estudio de 2023 con 302 ejemplares mostró diferencias genéticas entre los que habitan cerca de la central y los que viven a 15 km de distancia.
Estos cambios reflejan aislamiento, endogamia, dietas alteradas y exposición a enfermedades, más que mutaciones inducidas por radiación. El caso evidencia cómo una población puede diferenciarse rápidamente cuando cambian abruptamente las condiciones sociales y ecológicas.
El regreso de las aves
Tras el accidente, muchas áreas se convirtieron en “bosques vacíos”, ecosistemas estructuralmente intactos pero sin insectos ni aves.
Hoy, 40 años después, el panorama sonoro cambió: currucas, cucos y ruiseñores llenan los bosques de canto, mientras aves migratorias y residentes regresan. Sin embargo, la recuperación es desigual y depende de la contaminación y la disponibilidad de presas.
El accidente de Chernobyl demuestra cómo la naturaleza puede adaptarse y reorganizarse en condiciones extremas. La radiación sigue presente, pero la ausencia de humanos permitió que especies prosperaran y desarrollaran adaptaciones únicas.
Desde mamíferos y anfibios hasta hongos y perros, la fauna de la zona de exclusión ofrece un laboratorio vivo para comprender la resiliencia de los ecosistemas frente a catástrofes ambientales.



