Cambio climático: la nueva amenaza para la lucha contra el hambre en Latinoamérica según la FAO

Durante los últimos cuatro años, Latinoamérica logró una reducción sostenida en la lucha contra el hambre. Según la FAO, la desnutrición pasó del 6,1 % en 2020 al 5,1 % en 2024, lo que permitió que 6,2 millones de personas dejaran atrás el hambre.

Algunos países muestran progresos notables:

  • Brasil redujo la hambruna por debajo del 2,5 % y salió del mapa del hambre.
  • México y Chile se acercan a ese nivel.
  • Argentina, Barbados y Colombia se mantienen por debajo del 5 %.

Estos avances se explican por políticas públicas orientadas a la infancia y juventud, programas de alimentación escolar, apoyo a pequeños productores y fortalecimiento de mercados locales.

La amenaza climática

El cambio climático amenaza con revertir estos logros. La presión es especialmente fuerte en el Caribe y Centroamérica, donde fenómenos extremos han golpeado con dureza:

  • Huracanes en Jamaica y Haití dañaron infraestructuras y encarecieron los costos de producción agrícola.
  • La agricultura absorbió el 23 % del impacto económico derivado de eventos climáticos extremos.
  • Ecosistemas alterados favorecen la aparición de plagas y enfermedades animales.

El Caribe registra un 52 % de población en inseguridad alimentaria moderada o grave, frente al 22 % en Sudamérica, reflejando una brecha marcada por la vulnerabilidad climática.

lucha contra el hambre
La lucha contra el hambre en Latinoamérica presenta avances significativos.

Adaptación y resiliencia

La FAO insiste en que invertir en adaptación climática es imprescindible para reforzar la resiliencia agropecuaria. Entre las medidas propuestas:

  • Digitalización e inteligencia artificial para mejorar el control sanitario y productivo.
  • Sistemas de alerta temprana más eficaces para anticipar fenómenos extremos.
  • Prácticas agrícolas sostenibles que protejan el medio ambiente y los recursos naturales.

Hambre Cero: un objetivo global

La lucha contra el hambre está vinculada al ODS 2: Hambre Cero, fundamental para garantizar la dignidad humana y el desarrollo sostenible. Sus beneficios abarcan:

  • Salud infantil: la desnutrición causa la muerte de más de 3 millones de niños al año y limita el desarrollo intelectual.
  • Productividad económica: un mundo sin hambre aumenta la capacidad laboral y los ingresos.
  • Justicia social: combatir el hambre reduce la pobreza y la desigualdad, especialmente en mujeres y poblaciones vulnerables.
  • Paz y estabilidad: la seguridad alimentaria previene conflictos en comunidades frágiles.
  • Sostenibilidad ambiental: implica promover prácticas agrícolas que cuiden los recursos naturales.

Latinoamérica demostró que es posible reducir el hambre con políticas sostenidas y coordinación regional. Sin embargo, el cambio climático amenaza con deshacer esos avances, especialmente en el Caribe y Centroamérica. La región enfrenta un momento decisivo: invertir en resiliencia y adaptación será clave para que el progreso no se pierda y para acercarse al objetivo de erradicar el hambre antes de 2030.

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