Nueva investigación revela ecosistema sin metano en la fosa Perú-Chile, descubriendo microorganismos únicos que desafían los límites de la vida tal como la conocemos. Este hallazgo ofrece perspectivas frescas para la astrobiología y el estudio de hábitats extremos en la Tierra.
Dirigido por el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), el estudio ha identificado un sistema biológico en el cual el azufre, no el metano, es el protagonista, a una profundidad de 2,5 kilómetros. Este fenómeno desafía las teorías tradicionales sobre las emisiones submarinas y amplía las condiciones conocidas para la existencia de la vida.
La fosa Perú-Chile ha revelado un ecosistema de profundidad donde procesos químicos alternativos, en ausencia de metano, tienen implicaciones para la ciencia climática y la búsqueda de vida extraterrestre.
En lugar del metano, los microorganismos en esta zona utilizan procesos de oxidación y reducción de azufre para su sustento, creando un motor químico autosuficiente que apoya la vida compleja sin la necesidad de luz solar o materia orgánica.
Ecosistema sin metano
Este descubrimiento cambia el paradigma de los “cold seeps”, tradicionalmente asociados con hidrocarburos como el metano. En un área cerca de Antofagasta, a 2,5 kilómetros de profundidad, los científicos han detectado un entorno sin metano que desafía las bases energéticas de estos ecosistemas.
La diversidad microbiana descubierta sugiere vías metabólicas alternativas que no se habían visto con tanta intensidad en entornos similares. La estabilidad geológica de esta región, mantenida durante millones de años, podría haber favorecido la evolución de comunidades biológicas únicas.
Estudios de ARN han revelado comunidades microbianas dominadas por ciclos de azufre, con biopelículas de bacterias oxidantes en la superficie y microorganismos reductores de sulfato en el subsuelo.
El ciclo del azufre en este ecosistema actúa como fuente de energía principal, reemplazando al metano y generando flujos energéticos suficientes para mantener comunidades complejas bajo condiciones extremas.
Las formaciones de pirita encontradas en el sedimento confirman una intensa actividad geoquímica, producto de la actividad microbiana que altera el entorno químico.
La ausencia de microorganismos típicos como las arqueas ANME, que consumen metano, indica un cambio en la cadena trófica y sugiere un ecosistema basado en el azufre en lugar del carbono reducido.
Este ecosistema autónomo, independiente de la materia orgánica superficial, se convierte en un caso único dentro de los océanos profundos. Sus configuraciones biológicas abren nuevas líneas de investigación sobre la diversidad metabólica.
El descubrimiento tiene implicaciones para la búsqueda de vida en otros planetas, sugiriendo que lunas como Europa o Encélado podrían albergar ecosistemas similares. La resistencia biológica observada supera los límites conocidos y ofrece estrategias de adaptación en entornos sin recursos energéticos convencionales.
La fosa Perú-Chile, con más de 8,000 metros de profundidad, es uno de los lugares más estables de la Tierra, permitiendo la persistencia de ecosistemas que podrían ser considerados como “fósiles vivientes”.



