Las islas del Pacífico Tropical Oriental muestran una concentración excepcional de tiburones, según una nueva evaluación regional. Sitios como Galápagos, Malpelo, Clipperton y Revillagigedo destacan por albergar poblaciones que superan registros de otras zonas prístinas del planeta.
Este escenario contrasta de forma alarmante con lo que ocurre en parques marinos costeros de Ecuador y Costa Rica. Allí, el ecosistema aparece empobrecido, con pocos peces y casi sin depredadores, incluso dentro de áreas declaradas protegidas.
La investigación, desarrollada por equipos de la región, impulsada por instituciones de conservación y publicada en la revista PLOS One, utilizó cámaras submarinas con carnada para registrar peces grandes y tiburones. El método permitió revelar patrones que describen un océano dividido entre riqueza biológica y degradación.

Un refugio oceánico donde la vida aún prospera
En los parques remotos del Pacífico Oriental, la abundancia de especies permanece alta. La cadena alimentaria se mantiene activa y los tiburones ocupan su rol clave como depredadores tope. En Galápagos y Malpelo destacan poblaciones numerosas de tiburón martillo común, mientras que en Revillagigedo y Clipperton predomina el tiburón punta plateada.
Cada sitio cumple una función particular dentro del ciclo de vida de estos animales. Clipperton actúa como un espacio crítico para juveniles, lo que sugiere un rol de guardería natural. Galápagos y Malpelo, en cambio, concentran principalmente adultos, que utilizan estas áreas para forrajear o agregarse en grupos.
Esta red de islas funciona como un corredor biológico que sostiene diferentes etapas vitales. Su aislamiento y condiciones ambientales favorecen una riqueza marina que hoy resulta excepcional frente al deterioro generalizado de otros ecosistemas.

La degradación severa de las áreas costeras
El panorama cambia cuando la observación se desplaza hacia parques más cercanos al continente. En Machalilla, Galera San Francisco y la Isla del Caño la presencia de peces grandes es mínima. La ausencia casi total de tiburones revela un ecosistema profundamente alterado.
El patrón registrado coincide con un fenómeno conocido como fishing down the food web. A medida que la pesca elimina depredadores grandes, la presión recae sobre especies medianas y finalmente sobre peces pequeños. Todo el sistema pierde complejidad y resiliencia.
En las costas ecuatorianas, además, confluyen presiones intensivas y artes no selectivos. Incluso las poblaciones de peces herbívoros y planctívoros son bajas, lo que sugiere una alteración que afecta desde los niveles superiores hasta la base de la cadena trófica.
Un equilibrio que depende de los depredadores
La desaparición de tiburones en zonas costeras del Pacífico Oriental modifica la estructura ecológica en toda la región. Los depredadores tope regulan herbívoros y carnívoros medianos, mantienen el orden en la cadena alimentaria y protegen la salud de los arrecifes.
Sin ellos, proliferan especies oportunistas, los arrecifes pierden estabilidad y disminuye la biodiversidad. Esta pérdida de regulación se amplifica en aguas costeras ya presionadas por pesca, contaminación y cambio climático.
Las islas oceánicas funcionan como motores de vida para el Pacífico Oriental. Su capacidad para sostener tiburones permite mantener conectividad genética, migraciones saludables y un equilibrio que se extiende más allá de sus fronteras. Si estos refugios se deterioran, todo el ecosistema regional se vería afectado.
La urgencia de fortalecer la protección marina
El estudio expone una brecha profunda entre zonas estrictamente protegidas y aquellas donde la pesca aún está permitida. En el Pacífico Oriental existen más de 70 áreas marinas protegidas, pero gran parte permite actividades extractivas que reducen su efectividad.
Fortalecer el control y expandir las reservas donde la pesca está prohibida se vuelve clave para evitar el colapso de especies que ya muestran signos de agotamiento. La vigilancia satelital y la cooperación entre países pueden acelerar una recuperación necesaria para cumplir la meta global de proteger el 30% del océano al 2030.
El Pacífico Tropical Oriental aún conserva espacios donde la vida marina prospera, pero su futuro depende de decisiones políticas firmes. Las islas oceánicas ofrecen un modelo de éxito ecológico; el desafío ahora es extender esa realidad a las costas que muestran un deterioro alarmante.



