El 21 de diciembre de 2024, el satélite SWOT (Surface Water and Ocean Topography), fruto de la colaboración entre NASA y CNES, captó en el Pacífico Norte una ola de 19,7 metros de altura significativa, equivalente a un edificio de seis pisos. Se trata de la ola más grande jamás medida desde el espacio en mar abierto.
El fenómeno fue generado por la tormenta tropical Eddie, un ciclón extratropical de intensidad excepcional que atravesó el Pacífico Norte y provocó daños desde Canadá hasta Perú.
La altura significativa de ola representa el promedio de las más grandes registradas en un período determinado. Aunque se estimaron crestas individuales de hasta 35 metros, el valor oficial validado fue de 19,7 metros.
Antes de SWOT, unos 15 satélites habían medido olas desde 1991, pero ninguna observación había superado los 18,5 metros. La diferencia radica en que SWOT atravesó el corazón de la tormenta Eddie en el momento de máxima intensidad.

Energía que viaja miles de kilómetros
Las olas generadas se transformaron en marejadas capaces de recorrer grandes distancias. En este caso, viajaron 24.000 kilómetros, cruzando el Paso Drake entre Sudamérica y la Antártida hasta alcanzar el Atlántico tropical en enero de 2025.
Este hallazgo permitió corregir modelos que sobreestimaban hasta 20 veces la energía transportada por olas largas. Los nuevos cálculos, basados en el análisis FODA, mejoran la fiabilidad de las predicciones de olas extremas.
Riesgos y aplicaciones
Las olas de este tamaño representan un riesgo directo para:
- Buques de carga.
- Plataformas energéticas marinas.
- Cables submarinos.
- Puertos y estructuras costeras.
Monitorear con precisión dónde y cómo se forman permite ajustar rutas marítimas, revisar normas de ingeniería y reducir tragedias.
Contexto climático
La Agencia Espacial Europea recordó que las marejadas actúan como “mensajeras” de las tormentas: incluso si no tocan tierra, su energía puede viajar miles de kilómetros. Ejemplo de ello fue la tormenta Hércules en 2014, que generó olas de 23 metros en el Atlántico.
Una incógnita aún abierta es si las megatormentas como Eddie se están volviendo más frecuentes por el cambio climático. Los océanos más cálidos almacenan más energía, alimentan tormentas más intensas y favorecen vientos que generan olas extremas.
Más que un registro curioso, la ola de casi 20 metros captada desde el espacio demuestra que parte de la fuerza del océano escapaba a las mediciones tradicionales.
Ahora, fenómenos invisibles en zonas remotas se transforman en datos concretos para la ciencia, la navegación y la seguridad marítima, reforzando la necesidad de monitoreo satelital en un planeta cada vez más expuesto a eventos extremos.



