Parece inofensivo pero no lo es: el chicle y su amenaza para la biodiversidad global

La goma de mascar, o chicle, lejos de ser un simple pasatiempo, representa una fuente silenciosa pero preocupante de contaminación ambiental. Su base sintética, derivada del petróleo, la convierte en un producto no biodegradable que contribuye al deterioro de ecosistemas urbanos y naturales. A diferencia de otros plásticos, el chicle no se recicla y rara vez se gestiona de forma adecuada.

Recientes estudios revelan que al masticar una pieza de chicle se liberan hasta 3.000 microplásticos en la saliva, partículas que se acumulan en el cuerpo humano y en el ambiente. Este descubrimiento, realizado por científicos en EE. UU., alerta sobre un tipo de contaminación cotidiana que hasta ahora pasaba desapercibida.

Se calcula que quienes consumen chicle de forma habitual podrían ingerir hasta 30.000 microplásticos al año, provenientes tanto de gomas sintéticas como naturales. A pesar de los ingredientes diferentes, ambas versiones liberan partículas similares, lo que sugiere que el problema va más allá del material base.

Además de su impacto en la salud humana, el chicle contamina calles, parques y espacios naturales, convirtiéndose en una carga económica y ambiental para las ciudades. Eliminar un solo chicle del pavimento puede costar más que fabricarlo.

Los chicles son fuente de microplásticos. Foto: Pixabay.
Los chicles son fuente de microplásticos. Foto: Pixabay.

Alternativas verdes para una goma contaminante

Se estima que cada año se producen más de 2 millones de toneladas de chicle, de las cuales 100.000 toneladas terminan como basura plástica en calles y suelos. Su disposición incorrecta afecta la biodiversidad urbana y puede servir como vector de bacterias.

Frente a este panorama, algunas iniciativas están apostando por la sostenibilidad. Existen versiones biodegradables de goma de mascar elaboradas con savia de árbol, como se hacía originalmente en culturas precolombinas. Sin embargo, su distribución sigue siendo limitada frente al dominio de las grandes marcas.

Otra propuesta innovadora es la del reciclaje del chicle. El proyecto Gumdrop, en Reino Unido, recolecta residuos de goma de mascar para fabricar nuevos productos como suelas de zapatillas o lapiceras, promoviendo un modelo de economía circular y reduciendo el impacto ambiental.

Para reducir su huella ecológica, el consumo consciente de chicle se vuelve imprescindible. Optar por alternativas biodegradables o desecharlo de manera responsable son pasos simples pero claves para proteger la biodiversidad global y frenar la expansión invisible de los microplásticos.

Chicles. Foto: Pixabay.
Chicles. Foto: Pixabay.

Consecuencias del chicle también afecta la salud de los humanos

Aunque masticar chicle puede parecer una actividad inofensiva, tanto para el medio ambiente como para los seres humanos, su consumo excesivo puede tener efectos negativos en la salud. Uno de los principales riesgos está asociado al exceso de edulcorantes artificiales, como el aspartame o el sorbitol, presentes en muchos chicles sin azúcar. Estos compuestos pueden causar trastornos digestivos como hinchazón, gases o incluso diarrea si se consumen en grandes cantidades.

Otro posible impacto está relacionado con la sobrecarga de la articulación temporomandibular (ATM). Masticar chicle constantemente puede generar tensión en la mandíbula, provocar dolor en los músculos faciales o desencadenar trastornos como el bruxismo, que conlleva rechinar de dientes y molestias en la cabeza o cuello.

Además, en personas con ciertos problemas gástricos, masticar chicle estimula la producción de saliva y jugos gástricos, lo cual puede agravar condiciones como el reflujo ácido o causar molestias estomacales si no se acompaña de ingesta de alimentos.

Por otro lado, el chicle con azúcar contribuye al deterioro dental, ya que promueve la aparición de caries y la erosión del esmalte. Aunque algunas versiones sin azúcar pueden ayudar a limpiar los dientes entre comidas, es importante usarlas con moderación y como complemento, no sustituto, de una adecuada higiene bucal.

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