Un nuevo estudio revela que escombros volcánicos en el Atlántico almacenan hasta 40 veces más CO₂ que la roca sólida

Un hallazgo reciente en el Atlántico Sur ha puesto en evidencia un mecanismo climático silencioso pero determinante: los escombros volcánicos en el fondo marino pueden almacenar hasta 40 veces más carbono que las rocas sólidas.

Este descubrimiento, liderado por la Universidad de Southampton, aporta una pieza clave para comprender el ciclo profundo del carbono y el papel oculto de los océanos en la regulación del clima terrestre.

Escombros volcánicos: auténticas esponjas minerales

Los escombros de lava fragmentada, conocidas como brechas volcánicas, funcionan como auténticas esponjas capaces de retener dióxido de carbono durante millones de años.

  • El agua del mar se filtra lentamente entre los huecos del material fracturado.
  • Los iones presentes reaccionan con la roca y favorecen la formación de minerales carbonatados.
  • El CO₂ queda sellado dentro de la piedra, formando un archivo geológico de largo plazo.

La investigadora Rosalind Coggon, responsable principal del estudio, destacó que lo novedoso fue recuperar por primera vez núcleos completos de estas brechas, tras decenas de millones de años de viaje con la placa oceánica. Esto permitió observar cómo evolucionan estos depósitos a lo largo del tiempo.

Comparación con el basalto macizo

El basalto intacto también puede retener carbono, pero lo hace de manera más lenta:

  • Su superficie interna es limitada.
  • Los fluidos tardan más en acceder a zonas frescas para iniciar las reacciones.

Las brechas volcánicas, en cambio, nacen ya fragmentadas, con una multitud de huecos que facilitan la circulación del agua y multiplican las oportunidades de reacción.

Los nuevos datos confirman que estas brechas almacenan entre dos y cuarenta veces más carbono que las lavas compactas analizadas previamente.

escombros volcánicos
Un nuevo estudio revela que las brechas volcánicas almacenan hasta 40 veces más CO₂ que la roca sólida.

El ciclo profundo del carbono

El ciclo profundo del carbono regula el clima terrestre a largo plazo:

  • En las dorsales oceánicas, el movimiento de las placas genera nueva corteza volcánica y libera CO₂ hacia el océano y la atmósfera.
  • Cuando la corteza se enfría y se aleja de la dorsal, comienza a actuar como un filtro químico, atrapando carbono en su interior.

Este proceso, aunque invisible y lento, ha sido crucial para estabilizar el clima en épocas pasadas.

Implicancias del hallazgo

El descubrimiento no ofrece una solución inmediata a la crisis climática actual, ya que los procesos implicados avanzan al ritmo de la tectónica y la mineralización, muy por debajo de las escalas humanas. Sin embargo, aporta información valiosa para:

  • Reconstruir antiguos niveles de CO₂ atmosférico, clave para evaluar la sensibilidad climática de la Tierra.
  • Mejorar los modelos globales de planificación climática, integrando el papel de la corteza oceánica.
  • Diseñar estrategias de almacenamiento de carbono basadas en procesos naturales.

Aplicaciones potenciales

El hallazgo abre nuevas vías para la innovación:

  • Mineralización rápida: aprovechar formaciones basálticas en tierra firme para fijar CO₂ en pocos años.
  • Protección geológica marina: conservar montes submarinos y dorsales por su papel en el ciclo del carbono.
  • Investigación en geoquímica oceánica: entender mejor cómo evolucionan estos depósitos para optimizar estrategias de mitigación.

El océano no solo regula el clima mediante corrientes, hielo o absorción directa de CO₂. También lo hace desde abajo, desde la corteza oceánica, a través de procesos invisibles que trabajan sin descanso. Reconocer este papel oculto es esencial para imaginar un futuro más equilibrado y para diseñar políticas climáticas que integren la dinámica geológica del planeta.

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