Desde los años ‘90, Carlos Ameglio trabaja en soluciones energéticas sustentables. En su localidad de General Galarza, Entre Ríos, fue pionero en el desarrollo de biocombustibles cuando el término aún era desconocido para la mayoría.
Con una mirada siempre puesta en el futuro, impulsa un nuevo paradigma basado en biomasa, economía circular y la transformación de residuos forestales en energía limpia y accesible.
Su trabajo fue desde plantas de biodiésel hasta hornos y quemadores adaptados para usar fuentes renovables. Ahora, busca reemplazar el biodiésel por HVO y potenciar el uso de subproductos forestales como pellets y briquetas.
Para Ameglio, el cambio es urgente y posible. Por eso promueve el uso de materiales disponibles en el entorno natural para generar energía más limpia, menos costosa y respetuosa del ambiente.

Pellets y briquetas: residuos que generan calor
Desde 2014, Ameglio trabaja con residuos de la industria forestal de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Aprovecha esos materiales para fabricar pellets de madera, que son cilindros compactados con alto poder calorífico.
Estos pellets son fáciles de almacenar, no generan cenizas, y funcionan en estufas, hornos y calderas. Se obtienen de bosques implantados, por lo que se consideran renovables y de bajo impacto ambiental.
Las briquetas, por su parte, están hechas con serrín y viruta. Su forma compacta les da mayor duración y poder energético. Son ideales para interiores, generan poco humo, y su combustión es uniforme.
Ameglio también desarrolla equipos adaptados y soluciones accesibles para que más hogares puedan aprovechar estos biocombustibles sólidos.

Tipos de biocombustibles en Argentina
En el país se producen distintos tipos de biocombustibles. El más conocido es el biodiésel, elaborado principalmente a partir de aceite de soja. Se utiliza como mezcla con el gasoil convencional.
Otro en desarrollo es el bioetanol, generado a partir de caña de azúcar o maíz. Se emplea como aditivo de la nafta. Ambos reducen emisiones y permiten diversificar la matriz energética.
Más recientemente, se investiga el HVO (aceite vegetal hidrotratado), que permite una combustión más limpia y puede reemplazar al diésel sin modificar motores. También crecen las iniciativas que aprovechan residuos forestales, agrícolas y plásticos para generar energía sólida o líquida.
Apostar por estas fuentes es clave para lograr una transición energética justa, local y sostenible, capaz de revalorizar los recursos y proteger el ambiente.



