La idea de obtener energía solar desde el espacio fue imaginada en 1941 por Isaac Asimov en su relato Razón. Sin embargo, el concepto comenzó a tomar forma científica en 1968, cuando el ingeniero Peter Glaser lo desarrolló en la revista Science.
Desde entonces, organismos como la NASA, el Instituto Tecnológico de California y la japonesa Japan Space Systems investigaron su viabilidad.
Hoy, Japón lidera la carrera para generar electricidad en órbita y enviarla a la Tierra. El avance se produce en un contexto de transición energética que busca reemplazar combustibles fósiles por fuentes renovables.

El proyecto Ohisama y la prueba orbital
El satélite Ohisama, cuyo nombre significa sol en japonés, pesa 180 kilos y porta un panel solar de 70 centímetros por 2 metros. Orbitará a 450 kilómetros de altitud para generar 720 vatios que convertirá en microondas.
La energía será enviada a una antena receptora de 64 metros en Nagano. Si la transmisión atraviesa con éxito la ionosfera, se transformará nuevamente en electricidad, con el objetivo inicial de encender un LED.
La ventana de lanzamiento se abrió el 25 de febrero desde el Puerto Espacial Kii, en Kushimoto, prefectura de Wakayama. El cohete Kairos 5, de la empresa Space One, enfrenta el desafío tras dos intentos fallidos previos.
Un gigavatio constante y un cambio de paradigma
Los modelos comerciales proyectados por Japan Space Systems apuntan a generar un gigavatio constante. Esa potencia equivale a cubrir cerca del 10% del consumo de una megaciudad como Tokio o al rendimiento de un reactor nuclear estándar.
A diferencia de los paneles en tierra, en el espacio no hay nubes ni noche. Por lo tanto, la captación solar sería continua y podría redirigirse hacia distintas antenas según la demanda energética.
Si la tecnología se consolida, Japón prevé instalar matrices solares de 2,5 kilómetros cuadrados en órbita geoestacionaria a 36.000 kilómetros. En tierra, se requerirían antenas receptoras de 4 kilómetros de diámetro, con horizonte comercial a partir de 2040.

Energías limpias en Japón y desafíos técnicos
Japón impulsa desde hace años una diversificación hacia energías limpias, con fuerte expansión solar, eólica marina y avances en hidrógeno verde. No obstante, su limitada superficie y alta densidad poblacional condicionan el despliegue de grandes parques.
Por eso, la energía solar espacial aparece como alternativa estratégica. Además de abastecer el territorio, podría enviar electricidad a zonas afectadas por emergencias o incluso a futuras misiones lunares.
Sin embargo, persisten desafíos técnicos relevantes. La difracción de microondas en trayectos de miles de kilómetros exige antenas gigantes y un control de fase extremadamente preciso. Aun así, el país apuesta a resolver este cuello de botella y posicionarse a la vanguardia de la energía limpia global.



