Por primera vez en Estados Unidos, un camión eléctrico de gran tonelaje recibió energía mientras circulaba en autopista, a velocidad real y sin detenerse. El hito demuestra que una carretera capaz de recargar camiones eléctricos en movimiento deja de ser un concepto futurista para convertirse en una tecnología viable, con fundamento técnico y potencial económico.
El tramo experimental en Indiana
El tramo de prueba, de 400 metros, se instaló en la U.S. 52/231 en West Lafayette (Indiana). El proyecto fue diseñado por equipos de ingeniería de la Universidad de Purdue junto con el Departamento de Transporte de Indiana (INDOT), en colaboración con empresas como Cummins, AECOM y White Construction.
La prueba se realizó en otoño con un camión Clase 8 modificado, equipado con una bobina receptora bajo el chasis.
“La tecnología no solo funciona, sino que puede escalarse para entornos reales y para vehículos de todos los tamaños”, explicó Nadia Gkritza, profesora de Purdue.
Transferencia inalámbrica dinámica de energía
El sistema se basa en la transferencia inalámbrica dinámica de energía, una evolución de los cargadores por inducción que ya se usan en móviles, pero llevada a potencias muy superiores.
- El pavimento esconde bobinas emisoras de gran tamaño que generan campos magnéticos capaces de transferir hasta 190 kW a un camión circulando a 105 km/h.
- Para entender la escala: esa potencia podría alimentar 100 hogares simultáneamente.
La integración de las bobinas dentro del hormigón, material predominante en las autopistas de tráfico pesado, asegura resistencia a cargas extremas y ciclos térmicos, reduciendo además los costes de mantenimiento frente a alternativas más complejas.

Impacto en el transporte de mercancías
Los camiones son la columna vertebral del transporte de mercancías en Estados Unidos, pero su electrificación enfrenta desafíos: baterías enormes, pesadas y caras, tiempos de recarga prolongados y reducción de la capacidad útil de carga.
La carga inalámbrica en autopista cambia el enfoque:
- Menor dependencia de baterías gigantes, reduciendo costes.
- Mayor capacidad de carga al liberar espacio y peso.
- Menos paradas, mejorando la logística y reduciendo tiempos.
Además, un sistema diseñado para un camión de 40 toneladas puede alimentar también a coches, furgonetas o autobuses sin modificaciones relevantes.
Beneficios en cadena
El equipo de Purdue insiste en que si la carretera provee energía, los vehículos pueden llevar baterías más pequeñas, baratas y ligeras, con efectos en cadena:
- Menor coste de compra.
- Menor uso de materiales críticos como litio, níquel y cobalto.
- Carga distribuida y constante, sin picos de demanda en la red.
- Reducción masiva de la infraestructura de megacargadores.
“La carretera se convierte en el cargador. Igual que un móvil en una base inalámbrica, pero a escala de autopista”, resumió John Haddock, profesor de ingeniería civil.
Estándares e interoperabilidad
El proyecto se integra en ASPIRE, un centro de investigación financiado por la National Science Foundation, que reúne a más de 400 miembros entre universidades, industria, ONG y organismos públicos.
El objetivo es evitar la fragmentación y promover un modelo interoperable:
- Cualquier vehículo compatible debería poder usar cualquier carretera electrificada.
- Los operadores necesitan seguridad técnica y financiera antes de invertir.
- La industria requiere estabilidad para fabricar vehículos adaptados.
Implicaciones globales
Estados como Utah, Colorado, Michigan y Florida ya estudian escenarios similares. En Europa, países como Alemania, Suecia e Italia avanzan en pruebas propias, mientras que Israel y Corea del Sur desarrollan sus modelos.
La prueba de Indiana será clave para definir protocolos y estándares de carga dinámica, fundamentales para una adopción masiva.
La autopista experimental de Indiana abre puertas muy realistas:
- Corredores eléctricos para mercancías entre puertos y centros logísticos.
- Reducción del consumo energético pico.
- Electrificación acelerada del transporte pesado.
- Uso más eficiente del espacio público.
Un paso pequeño en metros, pero grande en visión: transformar la carretera en parte activa de la transición energética.



