Chile da un paso relevante al aprobar la gestión de los parques marinos de Juan Fernández. Este movimiento crucial protege efectivamente 587.117 kilómetros cuadrados de océano, lo que representa casi el 16% de su zona económica exclusiva.
Este avance refuerza un modelo innovador de cogestión donde la comunidad local no solo participa activamente, sino que también desempeña un papel esencial en la vigilancia y toma de decisiones, asegurando la protección de su sustento.
Bajo un esquema de cogobernanza, 587.117 km² del océano chileno están ahora protegidos, integrando a los locales en la supervisión y el proceso decisorio.
La participación de la comunidad en Juan Fernández es fundamental para la conservación marina. Líderes locales aseguran que tomar decisiones de manera colectiva facilita su cumplimiento entre los residentes.
Durante años, la pesca industrial en montes submarinos cercanos disminuyó gravemente las poblaciones marinas. Aunque se establecieron zonas protegidas, el verdadero cambio comenzó con planes de gestión sólidos que incluyen monitoreo, cumplimiento y participación organizada de la comunidad.
A más de 600 kilómetros de la costa chilena, Juan Fernández se ha convertido no solo en un símbolo de biodiversidad oceánica, sino en un modelo a seguir.
Este plan aprobado transforma la protección declarativa en protección efectiva. La red incluye el Parque Marino Nazca-Desventuradas y el Área de Conservación de Múltiples Usos Mar de Juan Fernández, cubriendo el 16% de la zona económica exclusiva de Chile.
Chile protege, no es solo la extensión, sino la gobernanza efectiva
Julio Chamorro Solís, presidente de Mar de Juan Fernández, destaca que la gestión comunitaria del mar es una práctica histórica que hoy recibe reconocimiento institucional.
La presión de la pesca industrial redujo algunas poblaciones marinas. La implementación de áreas protegidas fue una respuesta inicial, pero el verdadero cambio llega con un manejo concreto que incluye monitoreo científico y la participación ciudadana.
Los estudios de biomasa ya muestran signos de recuperación. Desde 2003, los pescadores locales han colaborado en la recopilación de datos científicos, construyendo un puente entre el conocimiento tradicional y la ciencia formal.
En diciembre de 2024, se estableció formalmente el Consejo Local de Gestión, compuesto por representantes comunitarios y diversas instituciones nacionales.
Según Marisol Romero del Ministerio del Medio Ambiente, el proceso ha sido un “laboratorio de gobernanza intersectorial”.
El objetivo es evitar los “parques de papel”, es decir, áreas protegidas solo de nombre. Ignacio Petit de Oceana-Chile resalta que aquí existen planes con objetivos científicos y una comunidad activamente involucrada.
El respaldo social fue fundamental, ya que cerca del 90% de los residentes apoyó los planes de gestión tras un proceso comunitario exhaustivo.
El sistema de vigilancia se basa en una clara corresponsabilidad, donde la comunidad actúa como observadora mientras que la Armada y el SERNAPESCA ejercen la fiscalización formal.
La economía de la región evoluciona, con el turismo de naturaleza y la pesca recreativa ganando relevancia, lo que reduce la presión sobre los ecosistemas y fortalece la relación entre conservación y sustento.
“Hoy no solo protegemos el mar, sino que aseguramos nuestra forma de vida”, resume Chamorro. En un mundo donde muchas áreas protegidas son solo promesas, Juan Fernández se convierte en una realidad práctica.
Los datos científicos actuales sugieren recuperaciones ecológicas. Desde principios del siglo XXI, pescadores locales han contribuido con investigadores, fusionando conocimiento tradicional y monitoreo científico.
En 2024, se formalizó un Consejo de Gestión Local, uniendo a la comunidad con instituciones nacionales, asegurando una supervisión real y evitando los “parques de papel”.



