Desde hace 36 años, una mina de uranio abandonada en las Sierras Grandes de Córdoba mantiene toneladas de residuos radiactivos a cielo abierto.
Esto generan un alto riesgo de contaminación a menos de cinco kilómetros de una reserva natural que abastece de agua a 1,5 millones de personas.
Se trata del yacimiento Schlagintweit, cerrado en 1989, el cual hoy es uno de los pasivos ambientales más graves de Argentina.
El legado tóxico de una industria sin control
El yacimiento Schlagintweit operó entre 1982 y 1989 en los macizos serranos de Los Gigantes.
Durante esos siete años, se extrajeron 207 toneladas de uranio y quedaron abandonadas 2,4 millones de toneladas de colas de mineral.
Además, también se dejaron 97.000 metros cuadrados de escombrera permanente, un millón de toneladas de estériles y diques con efluentes líquidos.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), responsable de esta mina de uranio en Córdoba, reporta que el dique principal contiene 120.000 metros cúbicos de agua contaminada, el equivalente a 48 piletas olímpicas.
«Dejaron un desastre», asegura Juan Carlos Ferrero, doctor en geología y miembro de la Asociación de Amigos del Río San Antonio (Adarsa) en diálogo con El País.
Córdoba: el riesgo inmediato de la mina de uranio abandonada para el suministro de agua
El predio se ubica en las cuencas hídricas del río San Antonio, que abastece al embalse San Roque.
Este embalse provee agua potable al 70% de la capital de Córdoba, donde viven 1,5 millones de personas.
Aquí, las montañas de desechos se han desplazado con los años debido a precipitaciones y vientos.
En este escenario, Raúl Montenegro, biólogo y Premio Nobel Alternativo, advierte sobre el riesgo de un «colapso masivo».
«Nuestra preocupación es que, con la situación climática global y las tormentas eléctricas, tenemos gran probabilidad de que se registren fenómenos atípicos y que esa masa de agua arrastre residuos radiactivos y tóxicos hacia el río San Antonio», declaró a El País.
El incidente silenciado durante años en la mina de uranio en Córdoba
En septiembre pasado se conoció la rotura de una geomembrana del dique número 3, ocurrida en 2021 por vientos de 100 kilómetros por hora.
Los trabajos de reparación terminaron en 2024 y la CNEA desmintió que hubieran existido filtraciones o contaminación ambiental, pero el incidente reavivó la preocupación.

El documento del Plan de Gestión de la Reserva Hídrica (2024-2029) indica que existen «registros de desbordes y vertidos de líquidos contaminantes de la mina que afectan la cuenca del río San Antonio».
Montenegro relata que, durante el funcionamiento de esta mina de uranio en Córdoba, la empresa descargaba sustancias alcalinas o ácidas al arroyo Cambuche de manera clandestina.
Todavía se postergan las soluciones al abandono de la mina de uranio en Córdoba
En 2017, la CNEA presentó un Plan de Cierre del yacimiento Schlagintweit ante la Secretaría de Minería de Córdoba.
El expediente reconoce que los componentes del pasivo ambiental «representan riesgo de impactos potenciales para la salud de la población, el ecosistema circundante y la propiedad«.
Frente a esto, el Gobierno de Córdoba no respondió a esa requisitoria.
La remediación tiene un costo estimado de 66 millones de dólares.
Según detalló a El País el periodista Cristian Basualdo, del Movimiento Antinuclear Argentina, en Argentina se extrajeron 2.600 toneladas de uranio entre 1952 y 1997.
«Para obtener un kilo de uranio, hubo que remover mil kilogramos de mineral», remarca.
La Ley nacional 25.018 de gestión de residuos radiactivos estipula la creación de un fondo específico, pero aún está sin reglamentar.



