La Laguna Calafate, ubicada en Villa La Angostura, Neuquén, fue recientemente evaluada por organizaciones ambientales y vecinos para conocer su estado real. La iniciativa se enmarca en el avance del barrio El Mallín hacia la conexión cloacal, y busca sentar las bases para una planificación ambientalmente responsable.
Durante el relevamiento, realizado por SOS Humedales, la Fundación Tejido Urbano y la Mesa del Mallín, se tomaron muestras en cinco puntos estratégicos de la laguna. Se analizaron más de 40 parámetros clave del agua y el suelo, incluyendo metales pesados, nutrientes y bacterias.
Los resultados confirman que este humedal urbano cumple una función vital: reducir drásticamente la carga bacteriana de las aguas que lo atraviesan. Su rol como filtro natural convierte a la laguna en un pilar silencioso de salud ambiental para toda la comunidad.
Sin embargo, también se detectaron niveles elevados de bacterias y nutrientes que podrían acelerar procesos de eutrofización. Esto alerta sobre la urgencia de mitigar el vertido de efluentes cloacales no tratados al ecosistema.

Un ecosistema con múltiples beneficios
Más allá de su función depuradora, la Laguna Calafate ofrece otros servicios ecosistémicos de gran valor. Alberga una rica biodiversidad, con aves nativas como patos barcinos y gallaretas, que son indicadores de un entorno aún resiliente.
También es un espacio clave para la educación ambiental. Prueba de ello fue la participación de la Escuela 186, cuyos estudiantes difundieron la importancia de proteger este humedal. Estas acciones comunitarias fortalecen el vínculo entre naturaleza y sociedad.
El informe también destaca el valor recreativo y paisajístico del lugar, reforzando su rol como una infraestructura verde indispensable para el bienestar urbano. Invertir en su conservación es mejorar la calidad de vida colectiva.
Proteger humedales como este no solo es una cuestión ambiental, sino también una inversión en salud pública, prevención de inundaciones y adaptación al cambio climático.
Cómo proteger los humedales
Los humedales son ecosistemas altamente productivos, pero frágiles. Su conservación requiere una combinación de estrategias que involucran tanto a instituciones como a la ciudadanía.
Una de las principales herramientas es el ordenamiento territorial. Evitar el avance urbano descontrolado y respetar las zonas de amortiguamiento permite reducir presiones sobre estos ecosistemas. En el caso de humedales urbanos, esto implica planificar infraestructuras con enfoque ambiental.
Otra medida clave es la restauración ecológica. Consiste en recuperar funciones degradadas mediante reforestación con especies nativas, control de especies invasoras o rehabilitación de flujos de agua. Esto ayuda a restablecer el equilibrio natural del humedal.
También es fundamental promover la educación y participación comunitaria. Las campañas escolares, actividades recreativas guiadas y el acceso a información clara sobre estos ambientes fortalecen la conciencia colectiva y empoderan a los vecinos para cuidarlos.

Un llamado a la acción local
La infografía del estudio difundido recientemente resume con claridad los riesgos y fortalezas del humedal. Allí se subraya su papel como depurador, hábitat y espacio de encuentro para la comunidad.
El compromiso de vecinos, docentes y organizaciones ambientales marca un camino posible. Pero para proteger verdaderamente la Laguna Calafate se necesita un esfuerzo sostenido y transversal, con políticas públicas que reconozcan el valor estratégico de estos ecosistemas.
Conservar los humedales urbanos es clave para enfrentar la crisis ecológica actual. Son barreras naturales frente al cambio climático y fuentes de vida que no pueden seguir siendo ignoradas ni degradadas.
La Laguna Calafate, como muchos otros humedales del país, recuerda que la naturaleza ofrece soluciones. Solo hace falta escucharlas y actuar a tiempo.



