El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipa que los meses de diciembre, enero y febrero estarán dominados por olas de calor en gran parte del país.
Los mapas del pronóstico trimestral muestran un predominio de colores cálidos, desde rosa pálido hasta tonos intensos, que reflejan la probabilidad de un verano más extremo de lo normal.
¿Qué es una ola de calor?
Aunque el calor es propio del verano, lo preocupante es cuando las temperaturas superan los umbrales tolerables para la salud humana durante al menos tres días consecutivos. Ese fenómeno se define como “ola de calor”.
Los umbrales varían según la región:
- Santa Fe: 34,6 °C de máxima y 22 °C de mínima.
- Córdoba: 34,6 °C / 20,5 °C.
- Ciudad de Buenos Aires (CABA): 33 °C / 22 °C.
En CABA, la ola de calor de diciembre de 2013 provocó un aumento del 43 % en la mortalidad, siendo la más extensa desde que existen registros.
Un fenómeno en aumento desde 1960
Según la investigadora del CONICET Matilde Rusticucci, las olas de calor son cada vez más frecuentes en Argentina desde 1960, como consecuencia del cambio climático.
- En CABA, 19 de los últimos 20 veranos tuvieron al menos una ola de calor.
- En Mendoza, las jornadas de calor extremo se triplicaron en la última década respecto al período 2000-2010.
El riesgo sanitario es evidente: entre 2005 y 2019, las personas en las principales ciudades argentinas tuvieron entre 8 % y 25 % más riesgo de morir por efectos de una ola de calor.

Impactos en la salud y la sociedad
El calor extremo es considerado por la Organización Meteorológica Mundial como el fenómeno climático más letal a nivel global, responsable de más de 546.000 muertes por año.
Los efectos incluyen:
- Mayor vulnerabilidad en niños pequeños, personas mayores y gestantes.
- Complicaciones en quienes padecen enfermedades crónicas, discapacidad o dependencia eléctrica.
- Riesgo elevado en personas en situación de calle o en viviendas precarias sin acceso a agua segura.
- Impactos menos visibles: infertilidad masculina, partos prematuros, bajo peso al nacer y desnutrición infantil.
Además, el calor extremo afecta los sistemas de energía, agua y transporte, agrava las islas de calor urbanas y reduce el rendimiento laboral.
Alertas tempranas y prevención
Desde 2019, el SMN incorporó el concepto de olas de calor en su sistema de alertas tempranas. Los avisos se publican diariamente y se clasifican por colores:
- Amarillo: peligro leve para la población general, moderado para grupos de riesgo.
- Naranja: efecto moderado a alto, muy peligroso para grupos vulnerables.
- Rojo: muy peligroso, incluso para personas saludables.
Acciones en ciudades argentinas
El programa “Olas de calor y salud de las personas mayores en ciudades de Argentina”, coordinado por CIPPEC con apoyo de Wellcome Trust y el LIECS, trabaja en Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Buenos Aires y Gran Resistencia.
Ejemplos de medidas locales:
- Rosario: geolocalización de bebederos públicos y refugios climáticos en aplicaciones de movilidad.
- Córdoba: lanzamiento del Plan de Acción ante olas de calor con su propio sistema de alerta temprana.
Recomendaciones para afrontar una ola de calor
Los expertos insisten en medidas básicas pero vitales:
- Mantener fresca la casa y ventilar en horarios adecuados.
- Usar ropa liviana, gorra y protector solar.
- Beber abundante agua.
- No dejar personas ni mascotas en vehículos cerrados.
- Activar redes de cuidado, especialmente para personas mayores solas.
Los síntomas de alerta incluyen:
- Leves: sarpullido, calambres, hinchazón en piernas.
- Moderados: dolor de cabeza, mareos, náuseas, sudoración intensa.
- Graves: piel seca, temperatura corporal >40 °C, pérdida de conocimiento, alteraciones cardíacas.
Las olas de calor son un “asesino silencioso” que se intensifica con el cambio climático. Argentina enfrenta un desafío creciente: proteger a las poblaciones vulnerables, adaptar las ciudades y generar conciencia sobre un fenómeno que ya es el más letal del planeta.



