Retroceso: el humo de los incendios forestales anula décadas de avances en calidad del aire, advierten

El humo de incendios forestales ya neutraliza décadas de mejoras en la calidad del aire en amplias zonas de Estados Unidos.

Durante años, políticas ambientales redujeron la contaminación mediante motores más limpios y centrales eléctricas reguladas.

Sin embargo, ese progreso se revierte por un factor cada vez más frecuente, intenso y persistente: el humo de los incendios.

Así lo revela un análisis de la Universidad de Harvard realizado entre 1997 y 2020 en el oeste de EE.UU.

Este detectó que alrededor del 65 % de las emisiones de los grandes incendios forestales estuvo directamente ligado al aumento de temperaturas provocado por la actividad humana.

Por ende, esto no se trata de una tendencia puntual sino de un cambio estructural.

La investigación, liderada por Loretta Mickley desde la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard, siguió el recorrido del humo desde los bosques californianos hasta valles agrícolas, zonas urbanas y regiones desérticas interiores.

Incendios forestales. Foto: Unsplash.

El calentamiento también intensifica los incendios

El calentamiento no solo seca los paisajes; los vuelve más inflamables.

Los investigadores estimaron que entre el 60 % y el 82 % del área quemada desde principios de los años noventa puede explicarse por el aumento de temperaturas asociado al cambio climático.

En California central y meridional, aproximadamente un tercio del terreno arrasado responde a ese factor. Los incendios forestales provocados por rayos muestran una relación aún más clara con el calentamiento.

El aire más caliente incrementa el déficit de presión de vapor, una medida de cuánta humedad extrae la atmósfera de plantas y suelos. Agujas de pino, matorral y pastos arden mejor cuando están secos.

Para capturar ese proceso, el equipo combinó registros meteorológicos de varias décadas con datos satelitales sobre verdor y estrés hídrico de la vegetación.

Ya en 2016, un estudio previo mostró que el secado duplicó el área total quemada desde 1984 en los bosques occidentales.

El impacto en la salud pública del humo de incendios forestales

El humo de incendios forestales contiene PM2,5, partículas tan pequeñas que atraviesan los pulmones y pueden llegar al torrente sanguíneo.

Su exposición se asocia a problemas respiratorios, cardiovasculares y a un aumento de hospitalizaciones.

Durante el mismo periodo en el que la contaminación industrial y del tráfico cayó alrededor de un 44 %, el aporte del humo fue en sentido contrario.

En la última década analizada, el 58 % del aumento de PM2,5 procedente del humo estuvo ligado al calentamiento global.

humo

En el norte de California, Oregón, Washington e Idaho, el humo impulsado por el clima llegó a representar entre el 44 % y el 66 % del PM2,5 total inhalado por la población.

Los picos breves pero intensos de PM2,5 pueden desencadenar ataques de asma, sobrecargar el sistema cardiovascular y afectar de forma desproporcionada a personas mayores, niños y mujeres embarazadas.

Las medidas de adaptación necesarias

A nivel local existen márgenes de actuación para reducir la exposición al humo de incendios. Las comunidades pueden implementar diversas estrategias:

  • Ampliar sistemas de predicción de humo
  • Habilitar refugios de aire limpio
  • Preparar escuelas y centros de salud para semanas de mala calidad del aire
  • Mejorar la filtración en edificios y el uso de purificadores portátiles
  • Ajustar horarios laborales para trabajos al aire libre

La gestión forestal ofrece herramientas conocidas pero difíciles de aplicar.

Las quemas prescritas, realizadas en condiciones controladas, reducen el combustible acumulado y pueden moderar el comportamiento de futuros incendios.

El problema es el tiempo: las ventanas seguras para quemar son cortas y exigen planes de gestión del humo de incendios, comunicación clara con comunidades locales y coordinación con pueblos indígenas, que llevan siglos utilizando el fuego como herramienta.

Actualmente, tratar el humo de los incendios forestales como un evento excepcional ya no funciona.

Es que este cada vez se parece más a un riesgo recurrente y previsible que debería integrarse en la planificación sanitaria.

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