Entre las 21 y las 23 del domingo 1 de febrero, la zona del volcán Tupungatito registró 230 movimientos sísmicos en un corto lapso. Este fenómeno, conocido como enjambre sísmico, activó los sistemas de vigilancia binacional.
Aunque no es inusual en la región, el evento llamó la atención por su intensidad concentrada. Por eso, las autoridades mantienen un seguimiento permanente de su evolución.
Además, se trata del primer registro relevante desde marzo del año pasado, lo que refuerza la necesidad de observación continua en este sector andino.
Monitoreo constante sin impacto inmediato
El aumento de la sismicidad motivó reportes especiales de los organismos volcánicos de Argentina y Chile. La zona de incidencia incluye la comuna chilena de San José de Maipo, cercana al límite con Mendoza.
Sin embargo, no se detectaron cambios en la actividad superficial del volcán ni alteraciones en otros parámetros monitoreados. Tampoco se reportaron efectos sobre poblaciones argentinas.
Por ello, el nivel de alerta técnica se mantiene en verde, lo que indica una actividad considerada normal para un volcán activo.

Un volcán activo en una región sensible
El Tupungatito forma parte de la Cordillera de los Andes del Sur, compartida por Argentina y Chile. Dentro del ranking nacional, figura como el sexto volcán de riesgo elevado.
Aunque ocupa el último lugar de esa lista, su comportamiento es observado con atención debido a su entorno glaciar y a su cercanía con otros sistemas volcánicos activos.
En ese contexto, los enjambres sísmicos funcionan como señales que permiten anticipar posibles cambios, aun cuando no impliquen una erupción inminente.
Características del volcán Tupungatito
El Tupungatito es un estratovolcán activo de corta vida geológica, con una altura de 5.603 metros sobre el nivel del mar. Se ubica a solo ocho kilómetros al sudoeste del volcán Tupungato.
Además, integra un complejo volcánico con antecedentes históricos relevantes. Su estructura está rodeada por glaciares, lo que incrementa ciertos riesgos potenciales.
Entre los peligros asociados se incluyen flujos de lava de corto a mediano alcance, eyección de piroclastos balísticos y posibles lahares si la actividad interactúa con el hielo.

Antecedentes que explican la vigilancia
La última erupción significativa del Tupungatito ocurrió entre 1958 y 1961. En ese período, una colada de lava se extendió casi dos kilómetros y hubo caída de cenizas en territorio argentino.
Posteriormente, en 1986, se registró una emisión débil de ceniza oscura que afectó glaciares cercanos, sin consecuencias mayores para la población.
Más recientemente, en marzo del año pasado, se detectó un aumento de la actividad sísmica similar al actual, lo que refuerza el patrón de comportamiento intermitente.
Ecosistemas y prevención en un escenario cambiante
Desde una mirada ecológica, el monitoreo volcánico es clave para proteger ecosistemas de alta montaña. Glaciares, cuencas hídricas y biodiversidad dependen de una gestión preventiva.
Por eso, la coordinación entre Argentina y Chile resulta central para anticipar impactos ambientales y reducir riesgos.
Así, el Tupungatito se mantiene bajo observación, no como una amenaza inmediata, sino como un recordatorio de la dinámica natural de los Andes y la necesidad de convivir con ella de forma responsable.



