Ante la escasez de precipitaciones proyectada para el inicio de 2026, el gobierno activa protocolos de emergencia y exhorta a la población a racionalizar el consumo de agua potable frente a la crisis hídrica en Uruguay.
El escenario climático en Uruguay ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias y meteorológicas. Ante un déficit de precipitaciones que se prolonga desde el último trimestre de 2025, el país sudamericano enfrenta una crisis hídrica en Uruguay que amenaza la estabilidad del suministro en las zonas más densamente pobladas.
La Administración Nacional de Obras Sanitarias del Estado (OSE) ya ha puesto en marcha un plan de contingencia que incluye el monitoreo intensivo de las reservas y la preparación de infraestructura de auxilio para evitar el desabastecimiento total.
La crisis hídrica en Uruguay de los últimos años
Las proyecciones del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) para enero y febrero de 2026 no son alentadoras: se espera que los acumulados de lluvia se sitúen significativamente por debajo de los promedios normales.
Este fenómeno, potenciado por una ola de calor persistente, ha generado una evaporación acelerada de la humedad en el suelo, especialmente en el sur del país.
Expertos como el meteorólogo Mario Bidegain advierten que las precipitaciones aisladas registradas recientemente son insuficientes para revertir el estado crítico de las cuencas, las cuales aún arrastran las secuelas de la sequía histórica sufrida entre 2020 y 2023.
La situación técnica en represas clave, como la de Paso Severino —fundamental para el abastecimiento de Montevideo y Canelones—, es seguida minuto a minuto.
Aunque los niveles actuales no han llegado al punto de quiebre de años anteriores, la falta de una recuperación hídrica profunda en el suelo preocupa a los especialistas, quienes estiman que harían falta hasta tres años de lluvias constantes para normalizar el sistema.
En este contexto, el sector agropecuario también ha comenzado a gestionar declaratorias de emergencia debido al deterioro de las pasturas y cultivos.
Para mitigar el impacto, el organismo estatal de aguas ha solicitado la colaboración ciudadana mediante restricciones voluntarias.
Se recomienda evitar el uso de mangueras para el lavado de fachadas y vehículos, optimizar el riego de jardines y limitar el llenado de piscinas. Estas acciones preventivas buscan preservar las reservas existentes frente a un trimestre que, según los pronósticos internacionales, podría consolidarse como uno de los más calurosos y secos de los últimos registros.




