Un estudio pionero del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) reveló la primera evidencia de microplásticos en sedimentos estuarinos del sur de Chile. La investigación, publicada en la revista Environments, confirma la presencia de estas partículas en los estuarios de Lenga y Tubul-Raqui, en la región del Biobío.
Aunque las concentraciones son menores que las registradas en estuarios altamente industrializados de países como China, India o Francia, los científicos interpretan el hallazgo como una advertencia temprana que exige medidas preventivas para proteger estos ecosistemas vitales.
Microplásticos: un desafío ambiental global
La contaminación por plásticos es uno de los mayores problemas ambientales del planeta. Millones de toneladas de residuos se degradan en el océano hasta convertirse en microplásticos, partículas de menos de 5 milímetros que invaden cada rincón marino, desde la columna de agua hasta los sedimentos del fondo.
El Dr. Ricardo Barra, investigador de SECOS y de la Facultad de Ciencias Ambientales de la UdeC, explicó la motivación del estudio:
“La investigación sobre microplásticos ha dejado de lado el estudio de los estuarios, ecosistemas clave en la interfaz entre el continente y el mar. Este es el primer reporte de microplásticos en sedimentos estuarinos en Chile”.
Dos estuarios, dos realidades
Los estuarios analizados representan escenarios contrastantes:
- Lenga, en la Bahía de San Vicente, altamente industrializado.
- Tubul-Raqui, donde predomina la pesca artesanal.
Los resultados reflejaron esta diferencia:
- Lenga registró 106,9 partículas por kilo de sedimento.
- Tubul-Raqui alcanzó 49,3 partículas por kilo.
El estudio identificó fibras, fragmentos, espumas y películas como los tipos más comunes. Mediante espectroscopía infrarroja (FTIR), los investigadores determinaron la composición química:
- En Lenga predominó la poliamida (PA) (35%), seguida de poliéster y poliuretano, materiales presentes en ropa técnica, redes de pesca y usos industriales.
- En Tubul-Raqui, el polímero más abundante fue el cloruro de polivinilo (PVC), ampliamente utilizado en cañerías, envases y construcción.

¿Buena noticia o advertencia?
Si bien las concentraciones son decenas de veces menores que en otros países, los investigadores advierten que esto no debe interpretarse como una buena noticia.
Barra, también director del Centro EULA-UdeC, señaló:
“Esto representa una advertencia temprana. Debemos investigar ahora qué provoca en los organismos que viven en el estuario esta contaminación. El llamado es a prevenir, a mejorar el manejo de los desechos plásticos”.
El académico Marco Lardies, de la UAI e investigador de SECOS, agregó que los estuarios del centro-sur de Chile actúan como reservorios y fuentes estacionales de microplásticos, con aumentos de hasta 20 veces en invierno.
“Aunque los niveles son menores, existe un riesgo creciente si no se implementan medidas de mitigación locales. Estas partículas pueden afectar directamente a las especies bentónicas y pesqueras, alterar su hábitat y liberar aditivos tóxicos y metales pesados que se propagan en la red trófica”.
Un llamado urgente a la prevención
Dado que los microplásticos provienen de la fragmentación de plásticos mayores, su eliminación del ambiente es prácticamente imposible. Por eso, los investigadores enfatizan la necesidad de prevenir su ingreso mediante:
- Mejor gestión de residuos.
- Reducción del plástico de un solo uso.
- Nuevas políticas públicas enfocadas en ecosistemas costeros.
Chile ha avanzado con leyes como la Ley 21.368, que regula plásticos de un solo uso, y el marco de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Sin embargo, los expertos sostienen que aún faltan medidas específicas para los ecosistemas estuarinos, donde los impactos pueden extenderse a la biodiversidad y la salud humana.
El hallazgo de microplásticos en los estuarios de Lenga y Tubul-Raqui marca un punto de inflexión en la investigación ambiental en Chile. Aunque las concentraciones son bajas, representan una señal de alerta temprana que exige reforzar la prevención y ampliar la fiscalización.
Los estuarios, esenciales para la biodiversidad y la economía local, ya muestran signos de contaminación que podrían agravarse si no se actúa con rapidez. La ciencia ofrece la evidencia: ahora corresponde a la sociedad y a las políticas públicas responder con soluciones concretas.



