El Concejo Deliberante de San Miguel declaró de interés cultural la obra de Rafael Chehin, un artista local que utiliza materiales reciclados para crear esculturas gigantes.
Su pieza más reconocida es un robot de seis metros vestido con la camiseta de la Selección Argentina, instalado en la estación de servicio de Avenida Gaspar Campos y Ernesto Scott.
La obra se convirtió en un símbolo barrial: “La estación perdió la identidad de la empresa, y todo el mundo la empezó a conocer como la estación del robot”, recuerda el escultor.
De Barcelona a Nueva York, y regreso al Conurbano
Nacido en San Miguel, Chehin descubrió su pasión por la escultura en Barcelona, al visitar la feria Drap Art en 2005, dedicada al arte con materiales reciclados. Para adquirir conocimientos técnicos, se inscribió en una escuela industrial y aprendió soldadura y ensamblaje. En 2007 participó en la feria con cuatro obras propias, mientras trabajaba en el Factory Club, la sala de rock más antigua de España.
Su carrera lo llevó luego a Nueva York, invitado por una familia vinculada a la industria hollywoodense. Allí recicló piezas en un galpón de Vermont, consolidando su estilo basado en el upcycling: transformar residuos en obras de arte con mayor valor que el original.
Materia prima: lo descartado
Chehin utiliza desde módulos de caseteras y máquinas de escribir hasta surtidores de nafta en desuso, llantas de auto, discos de arado y tanques de aire.
Con estos materiales construye esculturas monumentales como el robot de seis metros. Para dar jerarquía a sus obras, aplica la técnica de cera perdida, que le permite fundir en bronce las piezas originalmente hechas con reciclados.

Identidad conurbana
De regreso en San Miguel, Chehin busca dotar sus obras de una “entidad conurbana”. El robot no es un Transformer: lleva la camiseta de Messi y se convirtió en un ícono de Bella Vista.
“No es más mío, es de todos, así que yo estoy feliz”, afirmó el artista, quien considera que su obra nació de un niño que jugaba y soñaba en San Miguel y hoy vive de su arte en el Conurbano.
El reciclaje como arte y conciencia ambiental
El reciclaje aplicado al arte cumple múltiples funciones:
- Reduce desechos: evita que plásticos y metales terminen en vertederos.
- Denuncia social: visibiliza el problema de la basura y el daño al ecosistema.
- Ahorro creativo: demuestra que no es necesario comprar materiales nuevos para crear belleza.
- Valorización: convierte objetos cotidianos en piezas únicas.
Artistas contemporáneos como Elisa Insúa también trabajan con envases vacíos y tecnología obsoleta para crear murales y esculturas. En Buenos Aires, talleres comunitarios enseñan el suprarreciclaje, proceso que da más valor a objetos ya usados, fomentando la economía circular y la conciencia ambiental.
La obra de Rafael Chehin demuestra que el arte puede transformar residuos en símbolos culturales y comunitarios. Su robot de seis metros no solo embellece el paisaje urbano, sino que también invita a reflexionar sobre el consumo, el reciclaje y la identidad del Conurbano.
El reciclaje artístico se convierte así en una herramienta poderosa para reducir la contaminación, educar y construir un futuro más sostenible.



