La abeja adapta su visión en función de su vuelo, la oscuridad de la colmena o la búsqueda de alimentos. Tres ojos primitivos adicionales le ayudan a saber la hora solar.
Un equipo de biólogos argentinos detectó que el 25 % de las 20 mil especies de abejas conocidas no aparecen en los registros públicos desde la década de 1990. Este análisis respalda la hipótesis de que el declive global de estos polinizadores es un fenómeno de índole mundial.