Este miércoles, como cada 23 de julio, se celebrará el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines para recordar un logro histórico para la conservación marina: la moratoria mundial sobre la caza comercial de ballenas. Este acuerdo, alcanzado en 1982, marcó un antes y un después en la protección de estos gigantes oceánicos.
Sin embargo, más de cuatro décadas después, las amenazas persisten. Si bien la matanza masiva disminuyó, la presión de algunos países y las nuevas problemáticas ambientales exigen mantener la vigilancia y fortalecer los compromisos internacionales.
El mayor avance fue el reconocimiento del valor ecológico y económico de las ballenas vivas. Su observación responsable se convirtió en una fuente de ingresos para comunidades costeras y en una herramienta clave para promover la educación ambiental.
Pero el panorama global sigue siendo complejo. Las maniobras de ciertos países para evadir las normativas y la falta de voluntad política ponen en riesgo décadas de trabajo conservacionista.

La moratoria que cambió la historia, pero enfrenta nuevos desafíos
La Comisión Ballenera Internacional (CBI), fundada en 1946 con el fin de regular la caza de ballenas en un contexto donde la actividad era considerada una industria legítima, implementó la moratoria como un freno a la sobreexplotación, después de que las poblaciones estuvieran al borde del colapso.
La decisión sentó las bases para crear santuarios marinos, fomentar el turismo responsable y trabajar en la reducción de amenazas no letales como colisiones o enmallamientos.
No obstante, países como Noruega e Islandia continuaron con la caza bajo reservas formales, mientras Japón utilizó la figura de la “caza científica” para justificar capturas que en realidad abastecían al mercado interno.
A pesar de las sentencias internacionales en contra, Japón se retiró de la CBI en 2019 y retomó la caza comercial en sus aguas. En la actualidad, la presión de estas naciones y sus aliados dentro de la comisión amenaza con debilitar la moratoria, pese a que la demanda comercial de carne de ballena sigue en franco declive.
El rol ecológico de las ballenas y el peligro de su caza
Las ballenas son vitales para la salud de los océanos. Al desplazarse, fertilizan las aguas y promueven la proliferación del plancton, que captura grandes cantidades de carbono y sostiene la cadena alimentaria marina.
Su presencia mejora la biodiversidad y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático. Cazarlas no solo reduce su número, sino que altera el equilibrio marino y pone en riesgo ecosistemas enteros.
Además, la caza comercial es una práctica insostenible desde cualquier perspectiva. Lejos de ser una necesidad, se mantiene por intereses políticos o culturales, a pesar de que su impacto ecológico es devastador y su mercado, prácticamente inexistente.

Amenazas crecientes y la necesidad de acción colectiva
El futuro de las ballenas enfrenta múltiples peligros: colisiones con barcos, contaminación plástica, ruido submarino, cambio climático y redes de pesca son apenas algunos. La conservación debe ir más allá de evitar la caza, trabajando en estrategias integrales para su protección.
El papel de los países latinoamericanos fue clave dentro de la CBI, liderando iniciativas de conservación y resistiendo las presiones para flexibilizar las medidas. La sociedad civil y las organizaciones científicas cumplen un rol fundamental al llevar la voz ciudadana a los foros internacionales.
La próxima reunión de la CBI será una oportunidad decisiva para reafirmar la defensa de la moratoria y consolidar un enfoque basado en la conservación real y efectiva de los cetáceos. El compromiso colectivo sigue siendo la mayor herramienta para proteger a las ballenas y al equilibrio de los océanos.
Fuente: Roxana Schteinbarg, co fundadora del Instituto de Conservación de Ballenas.



