Durante años, parte de la comunidad científica consideró que el hierro del deshielo antártico podía tener un efecto compensatorio sobre el calentamiento global. Sin embargo, nuevas investigaciones ponen en duda esa hipótesis y advierten que el supuesto beneficio podría estar sobreestimado.
A medida que las emisiones de gases de efecto invernadero continúan elevando la temperatura del planeta, los glaciares del continente blanco retroceden a un ritmo inédito. Aunque la región se encuentra aislada de los grandes centros urbanos, su transformación impacta en los océanos y en millones de personas.
En este contexto, el caso del Glaciar Thwaites, conocido como el glaciar del Juicio Final, resulta emblemático. Actualmente explica cerca del 4% del aumento anual del nivel del mar y, si colapsara, podría elevarlo hasta 65 centímetros, ampliando el riesgo de inundaciones costeras en todo el mundo.

Fertilización con hierro: promesas y riesgos en el océano Austral
Frente a este escenario, surgió la teoría de la fertilización con hierro como un posible mecanismo natural de mitigación. La idea sostenía que el hierro liberado por el derretimiento del hielo estimularía el crecimiento de algas microscópicas capaces de absorber dióxido de carbono mediante fotosíntesis.
Posteriormente, al morir, estas algas se hundirían en el océano profundo, secuestrando carbono durante largos períodos. Así, el hierro actuaría como un nutriente clave en el océano Austral, potenciando un proceso biológico con capacidad de moderar las emisiones atmosféricas.
No obstante, el debate nunca estuvo cerrado. Algunos especialistas advirtieron que una proliferación excesiva de algas podría generar zonas muertas, es decir, áreas con bajos niveles de oxígeno donde la vida marina se ve seriamente afectada, como ha ocurrido en el Mar Báltico debido a la contaminación por nutrientes.
Nuevas evidencias desde el mar de Amundsen
Recientes estudios desarrollados por investigadores de la Universidad Rutgers-New Brunswick analizaron el aporte real de hierro proveniente del deshielo. En 2022, el equipo trabajó en la plataforma de hielo Dotson, ubicada en el Mar de Amundsen, una de las zonas que más contribuye a la subida del nivel del mar.
Allí midieron la concentración de hierro en el agua que ingresa bajo la plataforma y en la que emerge tras mezclarse con el deshielo. Los resultados indicaron que apenas un 10% del hierro disuelto provenía directamente del agua glaciar.
En contraste, la mayor parte tenía origen en aguas profundas del océano y en sedimentos erosionados bajo el hielo. Además, se detectó una capa líquida sin oxígeno bajo el glaciar, capaz de liberar hierro por procesos geológicos más que por el simple derretimiento superficial.

La verdadera utilidad del hierro liberado
El hierro sigue siendo un micronutriente esencial para el fitoplancton y desempeña un papel clave en la productividad marina. En condiciones adecuadas, puede estimular cadenas tróficas y favorecer la captura natural de carbono.
Sin embargo, los nuevos hallazgos indican que el deshielo no constituye la fuente principal de este elemento. Por lo tanto, confiar en el retroceso glaciar como aliado climático resulta científicamente débil y ambientalmente riesgoso.
En consecuencia, la pérdida acelerada de hielo en la Antártida aparece cada vez menos como un fenómeno con efectos compensatorios y más como una amenaza directa para la estabilidad oceánica y costera del planeta.



