En el mar de Amundsen (Antártida occidental), un vehículo submarino autónomo Hugin de Kongsberg, operado por un equipo internacional con participación de la Universidad de Gotemburgo, se internó 17 kilómetros bajo la plataforma de hielo Dotson. Allí levantó seis mapas de alta resolución del “techo” helado y midió corrientes, temperatura, salinidad y el deshielo en la Antártida.
El resultado, publicado en Science Advances, describe un paisaje submarino que desafía la idea de un deshielo uniforme: el hielo se erosiona de formas distintas según la velocidad del agua, su contenido de calor y la presencia de fracturas.
Rasgos del paisaje submarino
Los mapas revelan tres elementos clave:
- Terrazas: superficies planas de entre 200 y 2.000 metros de ancho, delimitadas por paredes de hasta 5 metros de altura. En algunos sectores se apilan en varios niveles, como escalones tallados desde abajo.
- “Lágrimas” (teardrops): oquedades esculpidas hacia arriba, de entre 20 y 300 metros de longitud, con un relieve típico de 14 metros. No son visibles en la superficie, ya que las tensiones internas del hielo impiden que el relieve basal se traduzca en señales externas.
- Fracturas de espesor completo: algunas modificadas por fusión basal, con bases erosionadas y marcas asociadas. Un análisis Landsat indica que varias se originaron en los años noventa y se han ensanchado con el tiempo, evidenciando décadas de erosión progresiva.
Dos regímenes oceanográficos
El estudio muestra que Dotson no se derrite de manera homogénea:
- Parte oriental: recibe agua relativamente cálida y salina (mCDW) a través de un canal profundo. El hielo es más grueso (300–400 m) y la fusión basal ronda 1 metro por año.
- Parte occidental: domina un flujo más frío y somero, pero más rápido, que favorece canales y una fusión media de 15 metros por año, con hielo más delgado (250 m).
La diferencia no es solo térmica: en el oeste, la turbulencia por cizalla mezcla calor hacia la interfaz hielo-océano, acelerando el deshielo.

Hipótesis sobre las formas
- Las “lágrimas” podrían originarse por plumas turbulentas ligadas a la dinámica de Ekman, disparadas por fracturas o rocas liberadas en el hielo, propagándose de forma asimétrica por efecto de la rotación terrestre.
- Las terrazas serían rastros de intrusiones episódicas de agua cálida en la base del hielo, como las registradas entre 2014 y 2016 por fondeos oceanográficos cercanos.
Desafíos logísticos
Operar bajo una plataforma de hielo implica limitaciones extremas: sin GPS ni comunicación por radio, el vehículo ejecuta su ruta y solo al emerger puede transmitir datos.
En febrero de 2024, durante una misión final bajo Dotson, el robot no regresó. La International Thwaites Glacier Collaboration informó que probablemente sigue bajo la plataforma.
Continuidad de las investigaciones
La pérdida del vehículo no detiene el proyecto. Kongsberg anunció que la Universidad de Gotemburgo lo reemplazará con un nuevo Hugin, gracias a fondos de seguro y una donación privada, para retomar expediciones en la Antártida.
Los mapas obtenidos muestran que la fusión basal se organiza en rasgos concretos —terrazas, canales, fracturas y “lágrimas”— que concentran la transferencia de calor y el daño. El estudio advierte que esta diversidad de procesos debe incorporarse en los modelos para mejorar las proyecciones de deshielo futuro, clave para comprender el impacto del cambio climático en la estabilidad de las plataformas de hielo antárticas.



