Un equipo multidisciplinario en Rusia logró un avance histórico en el campo de la biología vegetal al reactivar una planta extinta hace más de 30 mil años.
El logro se alcanzó gracias a semillas preservadas en el hielo permanente de Siberia, lo que convierte a la especie Silene stenophylla en el organismo más antiguo restaurado desde material vegetal.
Este hito científico fue documentado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Supera ampliamente el anterior récord de regeneración vegetal, que correspondía a una palmera datilera de 2.000 años hallada en Israel.
El hallazgo: semillas congeladas en una madriguera del Pleistoceno
Los científicos encontraron las semillas en un contexto insólito: una antigua madriguera de ardilla ártica. Esta madriguera estaba ubicada a 38 metros bajo tierra en la región del río Kolymá, al noreste de Rusia. Los frutos y semillas que este pequeño roedor había almacenado durante el Pleistoceno quedaron sellados en hielo durante milenios.
Gracias a la datación por radiocarbono, se determinó que el material vegetal tenía una antigüedad de 31.800 años. Superando con creces cualquier intento previo de regeneración vegetal desde fósiles o restos congelados.

Clonación in vitro ante el fracaso de germinación directa
Las primeras pruebas para lograr la germinación directa de las semillas resultaron infructuosas. Como alternativa, el equipo optó por extraer tejido placentario de los frutos y realizar un cultivo in vitro. De esta forma lograron el desarrollo de 36 ejemplares genéticamente idénticos mediante clonación vegetal controlada.
Las flores blancas se formaron correctamente, las plantas fueron fértiles, y la tasa de germinación de las nuevas semillas alcanzó el 100 %, marcando un éxito absoluto en el proceso de reactivación biológica.
Características del fenotipo ancestral y preguntas abiertas
Uno de los hallazgos más intrigantes fue la diferencia morfológica entre las plantas recuperadas y sus contrapartes actuales. Los pétalos eran más largos y espaciados, lo que sugiere la existencia de un fenotipo extinto o rasgos evolutivos perdidos durante miles de años de adaptación.
Aunque aún no hay certezas sobre el origen de estas diferencias, se plantea que podrían representar adaptaciones extremas a climas glaciares, propias de la Edad de Hielo, que no se han conservado en las poblaciones modernas.



