La cañahua: el superalimento que una ingeniera rescató del olvido

Desde pequeña, Trigidia Jiménez tuvo una conexión especial con la agricultura, aprendiendo de su padre en Mina San José, Oruro (Bolivia), donde sembraban papa. Ese lazo con la tierra se fortaleció cuando, por primera vez, sostuvo una semilla de cañahua en sus manos.

“Fue como una corriente eléctrica”, describe la ingeniera agrónoma en charla con el portal El País. Jiménez hoy es referente internacional en la producción, transformación y comercialización de este cultivo inteligente.

La cañahua: resistente al cambio climático

Considerada la «prima hermana» de la quinua, la cañahua destaca por su alta resiliencia ante:

  • Sequías e inundaciones.
  • Bajas temperaturas y suelos adversos.
  • Cambios bruscos en el ecosistema.

A pesar de su tamaño, su capacidad productiva se mantiene intacta, convirtiéndola en una opción clave para el futuro de la seguridad alimentaria.

El impacto de la cañahua en Bolivia

Cuando Jiménez inició su trabajo con la cañahua, no existía un mercado para su producción.

Hoy, tras 20 años de esfuerzo:

  • Más de 1.500 familias cultivan cañahua en 2.000 hectáreas.
  • Su consumo se ha integrado en el subsidio de lactancia materna en Bolivia.
  • Se ha desarrollado una industria de transformación, con productos como: harina y pito (harina precocida), barras energéticas y galletas y sopas y productos insuflados.

Reconocimiento internacional a su labor

Por su trabajo, Jiménez fue galardonada como una de las “Líderes de la Ruralidad” por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, un reconocimiento a quienes impactan positivamente en la producción agroecológica.

Fusión de conocimiento ancestral y científico

Uno de los pilares del éxito de Granja Samiri, el emprendimiento de Jiménez, ha sido la combinación de saberes tradicionales con avances científicos.

Con el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal, ha trabajado en:

  • Desarrollo de variedades adaptadas como Wila y Samiri.
  • Investigación de más de 800 ecotipos de cañahua en Bolivia.
  • Potencial de cada color del grano para distintos usos industriales.

El camino hacia el futuro

La ingeniera resalta que aún queda mucho trabajo por delante: Para domesticar una subespecie silvestre, son necesarios seis a siete ciclos agrícolas hasta alcanzar un cultivo con 99% de pureza varietal.

La clave del éxito, dice, es recuperar el conocimiento ancestral. A través de su trabajo, Jiménez no solo revitaliza la producción de cañahua, sino que impulsa un modelo agroecológico sostenible capaz de enfrentar los desafíos del cambio climático.

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