Las ballenas jorobadas sorprendieron nuevamente a la comunidad científica luego de que un estudio internacional confirmara desplazamientos de más de 14.000 kilómetros entre Brasil y Australia, una distancia sin precedentes registrada mediante avistamientos fotográficos.
La investigación reveló que dos ejemplares de Megaptera novaeangliae fueron identificados en ambos extremos del océano gracias a un sistema de reconocimiento de imágenes basado en fotografías aportadas por científicos y ciudadanos.
El trabajo analizó más de 19.000 registros obtenidos entre 1984 y 2025 mediante la plataforma Happywhale, dedicada al monitoreo colaborativo de cetáceos en distintos océanos del planeta.
Además, los especialistas consideran que estos movimientos excepcionales podrían estar relacionados con alteraciones ambientales en el Océano Austral y cambios en las rutas migratorias tradicionales.

Un recorrido extraordinario entre Brasil y Australia
Uno de los ejemplares fue observado inicialmente en Hervey Bay, Australia, durante 2007 y 2013. Años más tarde, en 2019, volvió a ser fotografiado frente a la costa de São Paulo, en Brasil.
La distancia mínima entre ambas zonas supera los 14.200 kilómetros, equivalente a un recorrido similar entre Sydney y Londres. Sin embargo, los investigadores creen que la ruta real pudo haber sido incluso más extensa.
El segundo caso documentado resultó todavía más impactante. La ballena había sido vista por primera vez en 2003 en Abrolhos Bank, frente a la costa de Bahía, una de las principales áreas reproductivas de Brasil.
Veintidós años después, el mismo ejemplar apareció en Hervey Bay, Australia, tras completar un desplazamiento estimado de 15.100 kilómetros, el mayor trayecto confirmado hasta ahora para esta especie.
Los investigadores destacaron que estos cruces son extremadamente raros, ya que solo dos individuos presentaron este comportamiento entre casi 20.000 ballenas analizadas durante más de cuatro décadas.
Cómo logran identificar a cada ballena en distintos océanos
El estudio se apoyó en un sistema de identificación basado en la aleta caudal de las ballenas jorobadas, considerada una especie de huella digital natural. Cada ejemplar posee patrones únicos de pigmentación, cicatrices y formas en la parte inferior de la cola, permitiendo diferenciar individuos incluso después de muchos años.
Mediante algoritmos automatizados y revisiones manuales posteriores, los científicos compararon miles de imágenes obtenidas en América Latina y el este de Australia.
La facilidad para registrar fotografías se debe al comportamiento superficial de esta especie, conocida por sus saltos fuera del agua y los golpes de aletas visibles desde largas distancias.
Además, los investigadores sostienen que estos desplazamientos podrían favorecer el intercambio genético entre distintas poblaciones y contribuir a la propagación cultural de sus característicos cantos.

El viaje migratorio de las ballenas y su importancia ecológica
Durante esta época del año, las ballenas jorobadas realizan extensas migraciones entre áreas de alimentación y reproducción, uno de los movimientos naturales más impresionantes del planeta.
En general, pasan el verano en aguas frías cercanas a la Antártida, donde se alimentan principalmente de kril antártico y pequeños peces para acumular reservas energéticas. Posteriormente, emprenden viajes hacia regiones tropicales y subtropicales, como Brasil o Australia, donde se reproducen y dan a luz en aguas más cálidas y tranquilas.
Estos recorridos son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos, ya que las ballenas contribuyen al transporte de nutrientes entre océanos y favorecen la productividad biológica marina.
Sin embargo, el cambio climático, la modificación del hielo marino y la alteración en la distribución del kril podrían estar transformando las rutas migratorias tradicionales y aumentando la frecuencia de desplazamientos inusuales entre distintas poblaciones oceánicas.



