El British Antarctic Survey, en colaboración con institutos europeos, alcanzó un hito científico al perforar hasta 2,8 kilómetros de profundidad en la Antártida Oriental. Se trata del sitio conocido como Little Dome C, cerca de la estación Concordia. El núcleo extraído contiene información atmosférica y química que se remonta a 1,2 millones de años, convirtiéndose en el registro continuo de hielo más antiguo jamás recuperado.
Condiciones extremas de trabajo
Durante varios años, un equipo de unas 30 personas operó en temperaturas cercanas a los -35 °C, manteniendo la precisión necesaria para no alterar el material.
El análisis se centró en los 190 metros inferiores del núcleo, correspondientes al hielo más antiguo, mediante técnicas de flujo continuo que permiten medir simultáneamente isótopos, partículas y compuestos químicos.
Un momento histórico para la ciencia
Liz Thomas, responsable del proyecto, destacó: “Este es un momento histórico, ya que disponemos de un plano detallado del clima de la Tierra que se remonta a más de 1,2 millones de años”.
El hallazgo permitirá estudiar el cambio en los ciclos glaciares, que pasaron de intervalos de 41.000 años a 100.000 años, un punto crucial en la dinámica climática del planeta. Contar con datos directos anteriores a esa transición mejora la fiabilidad de los modelos actuales sobre la respuesta del clima frente a variaciones naturales y al impacto de los gases de efecto invernadero.

Ventajas frente a otros registros
Hasta ahora, gran parte del conocimiento sobre climas antiguos provenía de sedimentos marinos, útiles pero indirectos.
Los núcleos de hielo ofrecen una ventaja decisiva: conservan burbujas de aire intactas y trazas químicas que reflejan directamente la composición atmosférica de épocas pasadas. Esto convierte al hielo antártico en una referencia esencial para evaluar el cambio climático actual.
Implicaciones globales
El proyecto Beyond EPICA – Oldest Ice busca reconstruir la evolución climática de la Tierra y entender mejor cómo los ciclos naturales interactúan con las emisiones humanas. Los resultados ayudarán a:
- Refinar modelos de predicción climática.
- Evaluar la estabilidad de los glaciares frente al calentamiento global.
- Comprender la relación entre concentraciones de dióxido de carbono y temperaturas en periodos prehumanos.
La perforación británica en la Antártida marca un hito científico sin precedentes, ofreciendo un registro directo de la atmósfera terrestre de hace más de un millón de años. Este avance no solo ilumina el pasado, sino que también fortalece las herramientas para enfrentar el futuro climático del planeta.



