Las diatomeas árticas, conocidas también como algas unicelulares con paredes exteriores de vidrio, sorprendieron a la ciencia al demostrar que no se encuentran inmóviles ni sepultadas en las condiciones de frío extrema como se creía, según una nueva investigación de Stanford.
El artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, resalta la importancia de estudiar los ecosistemas polares antes de que desaparezcan. Estas algas unicelulares se deslizan por canales congelados a temperaturas bajo cero récord, impulsadas por cuerdas mucosas y motores moleculares.
La investigación reveló que las diatomeas mantienen activas hasta los -15 °C, lo cual resulta sorprendente. Esta temperatura es la más baja jamás registrada para el movimiento de una célula eucariota, un tipo de célula compleja presente en plantas, animales y hongos, entre otros.
De acuerdo con el estudio, también se demostró que su desplazamiento, o patinaje, no solo dependen de las bajas temperaturas, sino también de una combinación de moco y motores moleculares.

¿Cómo se realizó el estudio?
Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron una expedición ártica de 45 días en el mar de Chukchi, a bordo del buque de investigación Sikuliaq, propiedad de la Fundación Nacional de Ciencias y operado por la Universidad de Alaska Fairbanks.
Gracias a la utilización de microscopios desarrollados por el Laboratorio Prakash, el equipo logró obtener imágenes del interior del hielo y documentar la actividad de las diatomeas árticas.
Para el análisis, los expertos recolectaron núcleos de hielo en 12 estaciones durante el verano de 2023, de los cuales extrajeron diatomeas con el fin de recrear sus entornos en una placa de Petri, la cual contenía una delgada capa de agua dulce congelada y una capa de agua salada muy fría.

Más información sobre las algas del ártico
Las diatomeas árticas son microalgas unicelulares que forman parte esencial del fitoplancton y sostienen la base de la cadena alimentaria marina. Su capacidad fotosintética convierte la energía solar en biomasa, de la cual dependen especies clave como el kril, los peces y, en última instancia, mamíferos marinos y aves del Ártico.
Estas microalgas poseen paredes celulares de sílice con formas geométricas muy variadas, lo que les da una gran resistencia y facilita su preservación en los sedimentos. Gracias a ello, las diatomeas también son utilizadas en estudios paleoclimáticos, ya que sus restos ayudan a reconstruir cambios ambientales pasados en la región polar.
El papel ecológico de las diatomeas árticas es cada vez más relevante frente al cambio climático. El retroceso del hielo marino modifica los ciclos de luz y nutrientes, alterando su distribución y abundancia. Estos cambios repercuten en toda la red trófica, poniendo en riesgo la productividad y el equilibrio de los ecosistemas del Ártico.



