Un equipo de geólogos y biólogos ha logrado resucitar microbios antiguos atrapados en el permafrost, una mezcla congelada de tierra, hielo y rocas que cubre casi una cuarta parte del hemisferio norte.
Algunos de estos microorganismos llevaban decenas de miles de años inactivos, pero al ser descongelados, comenzaron a formar colonias vivas capaces de descomponer materia orgánica y liberar dióxido de carbono y metano, dos potentes gases de efecto invernadero.
El permafrost: un archivo biológico y climático
El permafrost funciona como un cementerio helado, donde se conservan huesos de mamuts, bisontes y microbios milenarios.
En el estudio, publicado en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, los investigadores recolectaron muestras de distintas edades en el Túnel de Permafrost del Ejército de EE. UU., ubicado bajo el suelo de Alaska. Allí, observaron cómo los microbios despertaban lentamente, formando incluso biopelículas visibles tras varios meses de incubación.
“Estas no son muestras muertas, ni mucho menos”, afirmó Tristan Caro, autor principal del estudio. “Son capaces de descomponer materia orgánica y liberar carbono”.
Cambio climático y retroalimentación microbiana
El deshielo prolongado activa microbios que aceleran el calentamiento global.
El permafrost está descongelándose a un ritmo alarmante debido al calentamiento global. A medida que esto ocurre, los microbios comienzan a descomponer la materia orgánica almacenada, liberando gases que agravan el cambio climático.
Según Sebastian Kopf, coautor del estudio, este proceso podría generar un círculo vicioso: más calor, más deshielo, más emisiones.
“Lo preocupante no es un día caluroso, sino la prolongación de los veranos árticos, que permite que las temperaturas cálidas lleguen al otoño y la primavera”, explicó Caro.

Simulaciones en laboratorio: una ventana al futuro
Los microbios tardan meses en activarse, pero luego forman colonias robustas.
Para simular las condiciones futuras del Ártico, los investigadores incubaron las muestras a 3 y 12 °C, temperaturas elevadas para el permafrost.
Usaron agua con deuterio, un tipo de hidrógeno pesado, para rastrear cómo los microbios lo incorporaban en sus membranas celulares. Aunque el crecimiento inicial fue lento, a los seis meses algunas colonias mostraron actividad intensa, sin acelerarse necesariamente con más calor.
Riesgos y preguntas abiertas
¿Cómo se comportan estos microbios en otras regiones frías del planeta?
Aunque los microbios estudiados no parecen peligrosos para los humanos, su capacidad para liberar carbono plantea riesgos ecológicos globales.
El equipo advierte que aún queda mucho por investigar, especialmente en regiones como Siberia, Canadá y Groenlandia, donde el permafrost también está en retroceso.
“Solo hemos muestreado una pequeña porción”, concluyó Caro. “Hay muchísimo permafrost en el mundo, y aún no sabemos cómo responderá”.



