Un estudio de la UBA alerta sobre la presencia de nitratos en el agua de pozo en localidades de Buenos Aires

Un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el agua de pozo puede contener niveles elevados de nitratos, capaces de alterar la función y la estructura de la glándula tiroides.

El hallazgo, publicado en la revista Environmental Science and Pollution Research, advierte sobre un peligro que suele pasar desapercibido en comunidades que dependen de este recurso para beber, cocinar y regar.

Evidencia en modelos animales

El equipo liderado por el doctor Osvaldo Juan Ponzo, junto a los investigadores María Fernanda Modarelli y Rodrigo Miguel Bilbao, utilizó larvas de la rana africana Xenopus laevis, un anfibio sensible a los cambios hormonales.

Los resultados fueron contundentes:

  • 62,3 % de las ranas expuestas al agua de pozo nunca completaron su metamorfosis.
  • Solo el 37,7 % logró finalizar el proceso vital, mostrando daños visibles en la tiroides.
  • Se detectaron alteraciones histológicas y moleculares en la glándula, vinculadas a la presencia de nitratos.

El estudio también mostró que la expresión del transportador NIS, responsable de captar yodo en la célula tiroidea, aumentó al inicio de la metamorfosis, pero luego disminuyó drásticamente, llegando a niveles casi indetectables en algunos individuos.

Nitratos y salud humana

Los nitratos ingresan al agua principalmente por el uso de fertilizantes agrícolas y residuos de feedlots ganaderos. Estos compuestos interfieren con la absorción de yodo, esencial para el metabolismo y el crecimiento.

El exceso de nitratos ya se ha asociado a:

  • Problemas en el desarrollo infantil.
  • Alteraciones en embarazadas.
  • Riesgos de cáncer.

En muestras de pozos del Conurbano bonaerense, se detectaron valores de hasta 83 mg/litro, más del doble del límite recomendado por la OMS para consumo humano.

agua de pozo
El estudio revela cómo el agua de pozo afecta la función tiroidea. 

Antecedentes epidemiológicos

Los mismos autores habían realizado previamente un estudio poblacional que mostró que quienes consumen agua de pozo presentan entre 5 y 10 veces más prevalencia de bocio e hipotiroidismo subclínico que lo habitual.

Este nuevo trabajo refuerza la hipótesis de que la exposición crónica a nitratos en aguas subterráneas puede ser un disruptor endocrino con efectos acumulativos en la salud.

Recomendaciones y advertencias

Los investigadores sugieren:

  • Reforzar el análisis del agua de pozo antes de su uso.
  • Actualizar los límites válidos de nitratos según los riesgos detectados.
  • Implementar sistemas de vigilancia y estrategias de remoción cuando los niveles superen lo recomendado.

El médico Alejandro Oliva, director del Programa Medio Ambiente y Salud (PROMAS) de la Universidad Nacional de Rosario, advirtió en dialogo con Infobae que aunque los resultados provienen de un modelo animal, existen estudios internacionales que también vinculan los nitratos con alteraciones tiroideas en humanos.

Oliva destacó la necesidad de monitorear aguas de consumo en zonas agrícolas y rurales, dado que el contenido de nitratos es altamente variable según la fuente y la época del año. Además, propuso evaluar los niveles tanto en el agua como en muestras de orina de los habitantes en áreas con señales epidemiológicas de alerta.

El agua de pozo, considerada segura en muchas comunidades rurales, puede esconder riesgos invisibles para la salud. La evidencia científica muestra que los nitratos afectan la función tiroidea y el desarrollo de organismos sensibles, y podrían estar detrás del aumento de casos de hipotiroidismo y bocio en poblaciones expuestas.

La investigación refuerza la urgencia de monitorear y controlar la calidad del agua subterránea, especialmente en regiones agrícolas, para proteger la salud de las personas y garantizar un consumo seguro.

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