El sistema alimentario mundial enfrenta una crisis multifacética, según un reciente informe elaborado por el Programa Mundial de Alimentos con la economista Mariana Mazzucato.
A pesar de que la producción de alimentos necesita aumentar un 50% para satisfacer la demanda futura, la productividad está cayendo, agravada por el riesgo climático.
Qué sucede con el sistema alimentario global
En un nuevo informe elaborado con el Programa Mundial de Alimentos, la autora de The Big Con y profesora en University College London, subraya varias problemáticas. La desnutrición, la pérdida de biodiversidad y las emisiones de carbono aparecen como problemas críticos que requieren un enfoque radical.
Frente a este escenario, Mazzucato propone que los programas de comidas escolares no solo sean una red de protección social, sino también una poderosa palanca para la transformación del sistema alimentario.

Con un gasto anual global de u$s 84 mil millones que beneficia a 466 millones de niños, estos programas ofrecen una oportunidad única para impulsar el crecimiento económico también. Esto además de avanzar en objetivos ambientales y climáticos.
La especialista argumenta que, históricamente, la contratación pública en este sector ha premiado el bajo costo, favoreciendo a grandes corporaciones agroalimentarias con alimentos de bajo valor nutricional.
Esto dejó de lado a los productores locales y sostenibles. La solución es cambiar el enfoque y usar las comidas escolares como una política industrial y una infraestructura pública que moldee el mercado.
Estrategias clave para una transformación orientada a misiones
En este sentido, la especialista propone cuatro pasos como esenciales para maximizar el potencial de las comidas escolares:
- Posicionar las comidas escolares como inversión: dejar de verlas como un gasto y reconocer su capacidad para generar retornos masivos, que van de u$s 7 au$s 35 por cada dólar invertido. Con beneficios en salud, educación y agricultura.
- Rediseñar la contratación pública: fomentar la demanda de productos locales y sostenibles, vinculando a los programas con granjas familiares y pequeños productores.
- Asumir el rol de modelador del mercado: los gobiernos deberían utilizar las comidas escolares como plataformas de innovación, colaborando con agricultores, la sociedad civil y otros actores. El objetivo es desarrollar soluciones que mejoren la cadena de valor.
- Fortalecer la capacidad estatal: sería crucial que las agencias públicas sean proactivas y dinámicas. Con la capacidad de experimentar y adaptar estrategias para moldear el mercado de manera efectiva.
Así, para lograr un cambio a gran escala, es fundamental la necesidad de cooperación global y de reformar las reglas del comercio internacional.

En esta línea, mencionan a programas como el de Brasil. El país destina al menos el 30% de sus presupuestos a fincas familiares. Demuestran que este enfoque es viable y puede generar un impacto significativo en la economía local.
En conclusión, según la experta, no se trata solo de alimentar a los niños, sino de aprovechar este vasto programa para reestructurar un sistema alimentario global que está fallando. Según apuntan, el fin es convertirlo en un motor de innovación y sostenibilidad.



