En enero de 2026, durante el Foro Económico Mundial en Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, criticó la energía eólica y afirmó que China no la utilizaba. Sin embargo, los datos muestran lo contrario: China instaló en 2025 más de 300 GW de capacidad en energías limpias, frente a poco más de 20 GW en Estados Unidos.
China ya produce la mayor parte de la tecnología limpia necesaria para la transición energética mundial:
- 80 % de los paneles solares.
- 60 % de las turbinas eólicas.
- 75 % de los vehículos eléctricos y baterías.
Estados Unidos: retroceso regulatorio
La administración Trump ha revertido protecciones medioambientales y bloqueado el desarrollo de energías verdes. Entre las medidas más polémicas:
- Retiro de financiamiento a 66 organizaciones internacionales vinculadas al clima.
- Impulso de nuevos proyectos de carbón y gas, incluyendo la mayor planta de energía a gas natural en Ohio.
- Aranceles altos a paneles solares, que encarecen hasta cinco veces la producción respecto a China.
Según expertos como David M. Hart (Council on Foreign Relations), estas decisiones son “imprudentes” y podrían dejar a EE.UU. rezagado en industrias clave de crecimiento.
China: pragmatismo y expansión
Aunque China sigue invirtiendo en carbón, lo hace con una estrategia flexible: las centrales ya no funcionan como base constante, sino como respaldo. Paralelamente, el país electrifica rápidamente su transporte y lidera la producción de vehículos eléctricos.
El analista Li Shuo (Asia Society Policy Institute) destaca que China ve la acción climática como una oportunidad económica, más que como una carga. Su estilo es “decir menos y hacer más”, evitando promesas internacionales que no pueda cumplir.

Diferencias industriales
- Vehículos eléctricos: China domina el mercado, mientras que EE.UU. corre el riesgo de convertirse en una “isla de combustión”.
- Competitividad: hay al menos una década de diferencia en energía solar, eólica, baterías y vehículos eléctricos.
- Costos: producir paneles solares en EE.UU. es hasta cinco veces más caro que en China.
Implicaciones globales
China no solo reduce sus propias emisiones, también ayuda a otros países a avanzar en la transición energética mediante exportación de tecnología limpia. Esto refuerza su papel como posible líder climático, aunque sin buscar activamente protagonismo internacional.
El contraste es claro: mientras Estados Unidos apuesta por el carbón y el gas bajo la administración Trump, China avanza a gran velocidad en energías limpias, consolidando su liderazgo industrial y tecnológico. La transición energética global depende de estabilidad regulatoria y visión estratégica.
Para los expertos, la decisión de ver la acción climática como motor económico —y no como carga— es uno de los cambios más significativos en la política internacional de la última década.



