Córdoba: las consecuencias en el suelo, la flora y la fauna tras los incendios

Los cordobeses piden a gritos que vuelvan las lluvias para apagar los incendios que afectan la provincia.

 
Pero para apagar el fuego, no conviene cualquier lluvia. Lo ideal sería una suave y persistente que apague los incendios y no una torrencial que arrastre las cenizas hacia los ríos y extienda el daño hasta los lagos del Córdoba.
 
Las consecuencias del fuego también se extienden al suelo, la flora y la fauna del sierras.
 
La materia orgánica, abundante inmediatamente después del incendio, va desapareciendo. La capa superficial del suelo o humus es cinco veces más delgada en sitios incendiados.
 
Durante años, el suelo también pierde humedad por evaporación ya que le falta su cobertura natural y la copa de los árboles que le sirven de techo.
 
Además del paisaje, el fuego se lleva especies animales y vegetales. Un trabajo de la cátedra de Silvicultura de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) determinó que en un predio donde el incendio ocurrió hace dos años había un 10 por ciento menos de especies que en uno sin quemar.
 
En una zona incendiada hace nueve años había la mitad de las especies vegetales que en un sitio sin fuego.
 
Muchos árboles no mueren y rebrotan tras el fuego. Sólo quedan troncos y algunas ramas. Sin la copa de los árboles, algunos animales que necesitan su protección y sus nutrientes, desaparecen.
 
La bióloga de la UNC Laura Bellis estudió cómo los incendios afectan la población de aves de las sierras.
 
Un predio que padeció seis incendios en 10 años tenía el 41,5 por ciento de especies de aves de las que se contabilizaron en otro predio aledaño pero sin rastros de fuego en décadas. También se redujo la cantidad de ejemplares. Se pasó de 350 aves a 114. Bellis explica que el fuego simplifica el hábitat y reduce la diversidad de alimentos disponibles. Disminuyen las poblaciones de colibríes, picaflores, zorzales, canasteros y curutíes.
 
La población de lagartijas también se reduce, según el trabajo de Nicolás Pelegrín, del Centro de Zoología Aplicada de la UNC. En un predio incendiado hace 14 años la cantidad de ejemplares de estos reptiles había disminuido en un 80 por ciento al compararlo con una zona vecina sin incendios.
 
Y su diversidad también se redujo. Pasó de 11 especies a nueve.
 
El fuego también afecta la diversidad de mamíferos. Algunos no vuelven a los bosques quemados, pero otros se ven favorecidos. Es el caso de las especies pequeñas y medianas habituados a espacios más abiertos y más generalistas en sus costumbres como maras, conejos y vizcachas.

La Voz del Interior

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