Los incendios forestales volvieron a encender las alarmas en la Amazonía brasileña. Durante febrero se registraron 873 focos activos, lo que representó un aumento del 118,7% respecto del mismo mes de 2025.
Los datos fueron difundidos por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais, que monitorea la selva mediante imágenes satelitales. Sin embargo, a pesar del fuerte incremento interanual, el número de incendios cayó un 57,5% en comparación con enero.
Este comportamiento irregular refleja la fragilidad del ecosistema amazónico frente a las actividades humanas. Además, demuestra cómo los cambios en el uso del suelo siguen siendo una de las principales amenazas para el mayor bosque tropical del planeta.
Al mismo tiempo, las autoridades brasileñas continúan reforzando estrategias para reducir la presión ambiental sobre la región.

Deforestación, minería ilegal y expansión agropecuaria detrás del avance del fuego
Gran parte de los incendios que se registran en la Amazonía no se originan de forma natural. Por el contrario, muchos están vinculados con la quema de vegetación para abrir nuevas áreas destinadas a la ganadería o a la agricultura.
A esto se suma la expansión de actividades ilegales como la minería y la tala clandestina de madera. Estas prácticas degradan el bosque y generan zonas vulnerables donde el fuego puede propagarse con mayor facilidad.
Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, diversos estudios ambientales registraron un aumento significativo de estas actividades en la selva. Como consecuencia, la deforestación avanzó en grandes extensiones del territorio amazónico.
Posteriormente, el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva impulsó una agenda centrada en la recuperación ambiental de la región. Entre las principales medidas se encuentran el fortalecimiento de los controles y la persecución de actividades extractivas ilegales.
Operativos contra la minería ilegal en territorios indígenas
Uno de los focos principales de las políticas ambientales se concentra en la protección de territorios indígenas. En especial, el gobierno brasileño intensificó las acciones en la tierra del pueblo Yanomami.
En esa región se detectó una grave crisis sanitaria y humanitaria vinculada con la minería ilegal de oro. La extracción clandestina provocó contaminación de ríos, destrucción de bosques y un fuerte impacto en las comunidades locales.
Frente a este escenario, el Estado desplegó operativos para expulsar a los mineros ilegales y recuperar el control del territorio. Según informes oficiales, las acciones lograron reducir en un 99% esta actividad dentro del área protegida.
Sin embargo, la experiencia demuestra que la ausencia prolongada de controles puede facilitar el regreso de estas prácticas. Por eso, el desafío ahora consiste en mantener una presencia permanente que garantice la conservación del bosque.

¿Cómo afectan los incendios en la Amazonía brasileña al medio ambiente global?
Los incendios en la Amazonía tienen consecuencias que van mucho más allá de Brasil. La selva funciona como uno de los mayores reguladores climáticos del planeta y desempeña un papel clave en la absorción de dióxido de carbono.
Cuando grandes áreas de bosque se queman, enormes cantidades de carbono almacenado en la vegetación se liberan a la atmósfera. Esto contribuye al calentamiento global y acelera los procesos asociados al cambio climático.
Además, el humo generado por los incendios puede viajar miles de kilómetros y alterar patrones climáticos regionales. Incluso puede afectar la calidad del aire en ciudades lejanas.
Por último, la pérdida de selva implica la desaparición de hábitats para miles de especies de plantas y animales. De esta manera, cada incendio no solo destruye vegetación, sino que también debilita uno de los ecosistemas más importantes para el equilibrio ambiental del planeta.



